viernes, 26 de enero de 2018

RUT


 Rut, hija de Alonio y Saturnina, se haría famosa por ser nuera de Noemí, por los que sus primeros años poco importan. Sabemos que se crió según los percentiles prefijados por las autoridades sanitarias y que fue escolarizada a la edad establecida por el ministerio correspondiente. Lo demás, biberones, papillas, primeras letras, clases particulares, deportes y esparcimientos, forman parte de las rutinas de toda infancia.

Pero Rut llegó como  todas a la edad núbil y encontró varón en la persona de Quirino, un joven atlético y bien parecido con el que estableció esas otras rutinas de la sensualidad que van del beso y las caricias, a la inflamación de la pasión y su desbordamiento.

Aquí entra en escena Noemí, la suegra, una señora de recursos que prepara una boda comme il feaut en poco tiempo, convencida de que una joven tan virtuosa y bien dotada por Natura no era algo que se pudiera desperdiciar.

Se produce pues el himeneo, pero quiere el destino que, lejos de establecerse la rutina consiguiente de establecimiento, convivencia, gravidez y crianza, la desgracia se cierna sobre el joven Quirino, en forma de meteorito que, pudiendo elegir entre uno de los infinitos puntos comprendidos en los 510 millones de kilómetros cuadrados de su superficie, se cierna certera sobre la testuz del cuitado mancebo mientras miraba amanecer en pleno campo.

Es aquí cuando llegan a su paroxismo las dotes organizativas de una suegra sin complejos que, lejos de hundirse en la miseria o enviar a la reciente nuera con los suyos, se dedica a buscarla un buen partido entre los varones bien situados que conoce.

La envía primero a un cóctel donde se concitan maduros embajadores con títulos nobiliarios. Allí conoce Rut a Croidiano, un señor de pelo cano y distinguido, con el que se lanza a una rutina de viajes exóticos y fiestas mundanas que la devuelven a casa hecha una vampiresa de postín.

La presenta luego Noemí a Optato, un senador aficionado a la canaricultura, con el que vive Rut rutinarias jornadas de paz con el primoroso trinar como banda sonora.


Por fin, conoce Rut a Rútilo, un rutilante viudo en muy buen estado de conservación, con el que funda una familia con todos los sacramentos, incluída descendencia y una suegra que supervisa las rutinas con esmero.

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