lunes, 11 de septiembre de 2017

ESPECIOSA



Especiosa hubiera tenido una infancia feliz de no ser por sus hermanas, Lánguida y Luminosa.
Especiosa era una muchacha muy bella, sin que eso le impidiera ser simpática, bondadosa y sencilla. Cuenta la leyenda que cuando su padre,  Geroncio, fue a inscribirla en el Ayuntamiento, don Wilfredo, el juez de paz, no pudo evitar un “es preciosa” que, debido a un problema de dicción con las erres, sonó algo así como “especiosa”. El padre se empecinó en que así figurase en el registro y el día del bautizo, el párroco se dejó convencer a condición de ponerle delante el consabido María. La anécdota tiene todas las papeletas para ser apócrifa, aunque cosas más raras se han visto.

Fuera cual fuese la verdad, el caso es que llegar Especiosa a casa y ganarse la animadversión de sus dos hermanas mayores fue todo uno. Lánguida y Luminosa eran ya de bebés unas malas bestias que hicieron lo posible por dejar a la nueva sin el alimento y el cariño maternos. Desde llorar a turnos para hacerla invisible ante la madre, hasta tirarla el chupete al sucio suelo, todo fueron afrentas que crecieron a la par que sus propios cuerpos y almas.

Pero el colmo llegó cuando la edad del pavo puso a las tres hermanas en el mercado de los quereres. No sé si hemos dicho, pero ya se intuía, que Lánguida y Luminosa eran bastas y feas, además de perversas, lo que contrastaba con la esbeltez y donaire de la hermana pequeña. Especiosa iba el domingo al baile y creaba tal sosiego alrededor que se diría que emitía un perfume benéfico. Lánguida sin embargo, con su ceño fruncido y sus gruñidos, creaba en la pista islotes en los que ella era el náufrago. Y no digamos su hermana Luminosa, siempre de negro estricto y con muñequeras cuajadas de pinchos.

Y pasó lo que tenía que pasar. Vino por el pueblo un ambulante de correos joven y buen mozo. Se llamaba Benito y era un bendito. Pronto Lánguida y Luminosa se acercaron a él con sus mejores artes. Lánguida se planchaba incluso un poco el entrecejo, y Luminosa hasta se puso un día un osito de plata en la muñeca. Al joven le gustó Especiosa, pero ella no le dio esperanza alguna y acabó con Lánguida en el altar. Lo mismo pasó con Esteban, un vendedor de enciclopedias que llamó un día al timpbre, que se fijó en la guapa y acabó con una Luminosa a la que consiguió vestir de blanco por un día.

¿Y qué fue de la bella, la buena y la beatífica Especiosa? Pues que hasta de ejercer de BBB y . libre ya de las dos hidras que la mortificaban, pudo por fin dar rienda suelta a su ser verdadero. Se afeitó la cabeza, se limó los dientes estilo  tiburón y fundó la primera banda de rock satánico de los contornos.

5 comentarios:

Yolanda dijo...

Qué buenooo! Me ha gustado ese islote de Lánguida, ese entrecejo planchado y esos príncipes inútiles que acaban con la hermana equivocada.
Bravo!

Paz Monserrat Revillo dijo...

Los detalles que comenta Yolanda son un logro. La moraleja no la acabo de pillar ( la suerte de la fea la guapa la desea? Una Cenicienta contemporánea después del final? Desfruncir los celos con una buena plancha funciona? Jajajaja) El caso es que me deja pensando, sonriendo...e imaginando. Prueba conseguida, felicidades!

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Jajajaja. Vaya tres especies. Muchas felicidades, además de imaginativo es simpático tu relato.
Besicos muchos.

Laly Dbt dijo...

Me encanta Antonio. Simpatiquisimo. Qué imaginación tienes y qué ágil lo haces!
Me sorprende que tengan mejor final las dos hidras que la buena de Especiosa.
Muy gracioso el entrecejo 😂😂

Antonio Toribios dijo...

Qué bien que comentéis aquí, esto tenía ya telarañas... Muchas gracias a todas. Esto surge así, "al hilo de los días" y de los santos del calendario. ¿Moraleja?, uf, Montse, yo qué sé... Más bien aquí lo que hay son anti-moralejas. En fin... a ver si voy acabando el año, que esto empezó hace... uf...