lunes, 19 de octubre de 2015

ANONIMATA

Anonimata salió trabajadora. No es un decir, es que en su alumbramiento fue tan colaboradora que Petronila, la partera, no pudo por menos de exclamar: “Lo ha hecho todo ella, solo le ha faltado lavar las sábanas”.

Y muchas lavó, en verdad, que eran tiempos en que las labores de la casa eran sacrificadas y penosas. Su madre, Grata, lo era solo en contadas ocasiones, y cuando ello ocurría allí estaba Domardo, el padre, para amargarle el día. Ello, unido al nacimiento sucesivo de siete hermanos varones, ató a nuestra Anonimata al duro banco de la esclavitud doméstica.

Quiso el destino que, cumplidos los diecisiete, conociera en el baile a José, un joven artesano educado y atento. Pero quiso también que, la pobre Anonimata, se topara con Blandino, un joven balarrasa que la enredó con su discurso de oropel barato.

Casó joven, más por huir del hogar paterno que por entusiasmo hacia lo por venir. Pronto llegaron los partos sucesivos, de varones tan haraganes como el padre, que, dicho sea de paso, solo valía para empezar negocios ruinosos y acabar discurseando en las cantinas.

Siguió pues la aciaga suerte de esta hembra trabajadora y callada como pocas, cuyo único consuelo era comentar sus fatigas con sus comadres Paciencia y Panacea, madres y esposas igual de sufridoras.


No existe iconografía alguna referente a este ser aciago, ni escritos sobre ella o referencias en memorias de terceros. En realidad esta biografía que están leyendo tampoco es verdadera. 

1 comentario:

Juan M Sanchez dijo...

Pobre lavandera y tantas cosas, que no tendrá calle en su pueblo