lunes, 7 de septiembre de 2015

PÁNFILO

            Hijo de una de las familias más poderosas y linajudas del lugar, don Pánfilo ejercía su autoridad de prócer con la soberbia y la reciedumbre de los elegidos. A su cargo estaban las fuerzas policiales, y los jueces nunca osaban contravenirle, con lo que estar a mal con él era lo mismo que tener todo el rato un vendaval de cara.

            Estaba casado nuestro prohombre con Pie de la Cruz, una mujer honrada y discreta como pocas, hija también de una de las familias más señeras. Ambos formaban un matrimonio muy bien avenido, entre sí y también ambos con Valeria, la amante titular de don Pánfilo, que era fina y elegante dentro de su estatus.

            Piesina no dejaba de aconsejar a Pánfilo como mejorar este o aquel detalle del aspecto de Valeria, pues era de buen tono en aquella sociedad que las queridas del marido fueran bien vestidas y con las joyas de rigor, aunque siempre de menos quilates que las de la titular. De hecho, la ópera era el lugar donde unas y otras coincidían, y donde las legales desde los palcos pasaban revista al aspecto de las casquivanas que se sentaban en el patio de butacas. Hubo a veces hasta un tirón de pelo, por empeñarse la señora de tal con que la “otra” de la señora de cual era una ordinaria, sin gracia ni elegancia.

            Pero don Pánfilo, amante generoso, no podía conformarse con ese triángulo consentido por todos bajo cuerda. El tenía además varias coquetas más aquí y allá, y alguna casada descontenta que surgía. Andaba el caballero, pues, muy agitado, recorriendo las calles con la sola compañía de un criado fiel.

            En una de aquellas escuchó sin querer hablar a dos en un figón: “Mira que cara de pánfilo tiene ese”, decía uno. Y el otro respondía: “Más pánfilo que este no hay dos”. Quedó don Pánfilo tan cortado y tan corrido que ni tuvo el arranque de mandar detener a los bribones. Un sudor frío recorrió su espina dorsal y no pensó sino en mirarse en un espejo. Cuando lo hizo, no pudo menos que confirmar lo oído: su cara de pánfilo era pluscuamperfecta y  proverbial. Ningún otro rostro humano en el planeta podía representar mejor la expresión “tener cara de pánfilo” que la suya.

            Preguntó a sus deudos por qué no le habían avisado nunca, pero todos negaron la evidencia, incluso algunos sometidos a tormento. Indagó luego entre sus amigos cercanos, entre hermanos y hermanas. Incluso su mujer y su amante, negaron en redondo advertir en su rostro rasgo alguno de panfilismo.

            Recurrió a sus padres, su último refugio. Lo negaron también. Pero ante su insistencia en conocer la verdad, y su angustiosa desazón, su madre no tuvo más remedio que admitirlo. Desde su nacimiento, habían advertido la tremenda cara de pánfilo de Pánfilo. No se lo habían dicho para que no sufriera y habían perseguido siempre a todo aquel que se lo pudiera hacer saber.


            Ante la brutalidad de la verdad, don Pánfilo sufrió una tremenda transformación. Renunció a sus cargos y a su fortuna, dejó mujer e hijos –todos muy pánfilos, por cierto–, amantes y amistades, para vagar por los caminos buscando su destino. Acabó de barquero en la orilla del río Drava, donde los clientes no dejaban de reírse de él con disimulo. Allí siguió hasta su muerte, dando pábulo a la conocida expresión “ser más pánfilo que el barquero del Drava”.

6 comentarios:

Yolanda dijo...

Jajaja, qué bueno; he disfrutado con tan original lectura.

Yolanda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
almanaque dijo...

Muchas gracias. Viniendo de ti es todo un elogio.

Ángel Saiz dijo...

Un individuo que hace honor a su nombre. Qué buen trabajo literario, Antonio.
Un abrazo

Beatriz Basenji dijo...

Me ha gustado lo finamente narrada la sociedad en la que vivía Don Pánfilo. Eses son los pigmentos que van definiendo las pequeñas ciudades, los grandes pueblos, y hasta las urbes cosmopolitas.Si nos ponemos con ganas el tema dá para una novela. Cordiales saludos.

almanaque dijo...

Gracias Angel.
Pues sí, Beatriz, puede dar de sí el tema. Si quieres te cedo al personaje. Un saludo.