martes, 1 de septiembre de 2015

ANACLETO

Hijo de Blanca y Clarencio, nació Anacleto albino y con dotes para la investigación y el espionaje. Con la vista mermada por su condición, utilizaba para sus inquisiciones un sexto sentido que le hacía leer por debajo de las palabras y percibir los latidos casi imperceptibles de lo oculto.


Su madre era lavandera y su padre ejercía de encalador de hogares y de establos. La familia se ganó merecidamente fama de limpia y hacendosa, lo que hizo que el niño Anacleto fuese bien acogido por don Basilio, el maestro de primeras letras, especialmente cuando empezara a dar muestras de preclara inteligencia a la hora de juntar las sílabas y leer palabras de corrido.

Anacleto ingresó muy joven en los servicios de inteligencia del Estado, tras un brillante examen de acceso. Enseguida empezó su preparación en los métodos que utilizan los espías. Le enseñaron a infiltrarse en mafias y grupos terroristas, a observar los movimientos en zonas en las que no se percibía sino una calma de cementerio, o a engañar para que los contrarios perdieran pie y quedaran en evidencia. Su futuro se percibía prometedor, dadas sus buenas dotes naturales.

Pero he aquí que a Anacleto le traicionó su origen familiar. De repente empezó a decir verdades como puños, a opinar según su real sentir, a decir su verdadero nombre y filiación apenas alguien se lo pedía, o incluso sin que se lo exigieran directamente, por el mero placer de aparecer tal cual, a la luz del día y sin doblez. Y es que se habían conjurado las sábanas relucientes de su madre, Blanca, con las paredes purísimas que su padre, Clarencio, blanqueaba. Triunfó lo claro y sin mancha sobre el sedimento de civismo que le inculcara el maestro, don Basilio, de piel oscura y pelo negro como la pez.

Casó Anacleto con Exuperancia, mujer discreta  y honrada, que le dio cinco hijos tan cabales y honrados como ella. Sus vidas fueron largas, anodinas y aburridas. Tanto es así que nadie les recordaría si no fuera por el interés de este cronista en plasmarlas en negro sobre blanco.

4 comentarios:

Yolanda dijo...

Pues muy bien por este cronista y sus historias.

Elías dijo...

¡Vuelve el santoral de Toribios! ¡Gran noticia! Un abrazo.

Ángel Saiz dijo...

Si algún día necesito un biógrafo ya sé a quién contratar.
Un abrazo Antonio

Antonio Toribios dijo...

Gracias a los tres por la visita. Aquí tenéis vuestra casa.