jueves, 22 de enero de 2015

AQUILES


Aquiles era uno de estos tipos pintorescos que existen en todas las ciudades provincianas, una de esas personas que por su sociabilidad y bonhomía, unidos a algún rasgo distintivo, hacen que las gentes les saluden por la calle y que en todos los rincones se les considere parte integrante del paisaje local.

En Aquiles, lo primero que llamaba la atención es que vestía de pies a cabeza como un auténtico tirolés. No le faltaba su lederhosen o pantalón corto de cuero con tirantes, su chaleco y su blusa con bordados y, como tocado, un auténtico sombrero alpino con su pluma de colores. 

Como todo es relativo en esta vida, incluso en las hagiografías, si este personaje hubiera residido en Insbruck o Lienz, la cosa no hubiera llamado mucho la atención, pero tratándose de una localidad de la España interior la indumentaria tenía su aquel.

Con todo, no era su aspecto, lo que más destacaba en la personalidad del popular personaje. Aquiles se pasaba la vida en la calle, en invierno y en verano, no tenía oficio conocido y se ganaba la vida enseñando a los turistas la ciudad, acompañado de su fiel Lioba, una tortuga que llevaba a todas partes.

Nadie en la ciudad sabía desde cuando Aquiles pululaba por sus calles, contando historias portentosas e inverosímiles sobre cada una de sus piedras a los incautos que embaucaba. No se conoce nada de sus padres y nadie lo recuerda de niño, ni lo ha visto nunca con otra indumentaria, por más que hayamos investigado.

Lo cierto es que el buen Aquiles tiene una edad indefinida, entre la juventud tardía y el comienzo de la edad madura y, que se sepa, no ha conocido mujer. Al menos así era hasta que, en un grupo de turistas proveniente del otro extremo del Mediterráneo, apareció la joven Elena. Enseguida se dirigió al guía y dijo que le recordaba a alguien que había conocido durante una guerra larga y sangrienta, hace mucho tiempo. Hay que decir que Elena conserva una belleza perfecta y misteriosa, como de alguien que está más allá de la espiral del tiempo.

Aquiles, Elena y la tortuga, pasaron a formar el triángulo equilátero en que se fundamenta la ciudad. Ahí siguen, explicando a los turistas la historia oculta en el tuétano mudo de las piedras. Y lo hacen con la campechanía de los que se conocen desde siempre.

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