martes, 1 de abril de 2014

TIMÓN



Parnucio, pescador de bajura como era, cuando encontró en el santoral el nombre de Timón pensó de inmediato en el hijo que esperaba. Pero Emma, la futura madre, le puso pegas al feliz hallazgo. “Está bien para un marinero —arguyó la buena mujer—, no digo que no, pero ¿y si el muchacho acaba siendo perito mercantil? ¿No me dirás que "don Timón" sonaría bonito?” Parnucio quería a su esposa, pero le costaba en esto dar el brazo a torcer y, llegado el momento del alumbramiento, Emma acabó por aceptar, aunque con la condición de ponerle de segundo nombre Sócrates, porque había visto en un libro que era un señor antíguo con mucha cultura. Se acercaron pues a la pila bautismal, mas enterado el padrino de que iban a hacerle el feo de no seguir la tradición, hizo amago de irse de inmediato. Como resultado, el inocente terminó llamándose Timón Sócrates Aristónico, que éste último era el nombre del padrino.

Timón empezó pronto a ayudar a su padre en las faenas de la mar, y llevar el timón era lo que más le gustaba, aunque tampoco era manco echando las redes o remando, o pujando cajas en el muelle. Timón hizo, cuando tocó, la mili en la marina, pero no le emocionaron los acorazados, ni los submarinos, ni siquiera un portaviones en el que estuvo durante unas maniobras. A él lo que le gustaba era el timón, el sencillo instrumento cuyo contacto le hacía sentirse hermano de tantos hombres libres. Y es que en esas otras naves todo era demasiado complicado, con esferas, sensores y contadores digitales que repugnaban a su naturaleza.

Volvió Timón al pueblo y siguió con lo suyo. No estudió, ni buscó otros desempeños. Se enamoró, eso sí, de una tal Lasia, pero ella quería un futuro tierra adentro, en la ciudad, y no hubo arreglo. Siguió su vida, agarrado al timón, hasta tal punto que llegó a sentirlo parte de sí mismo. Si es que hubo alguna sirena más en su camino, como el héroe griego se amarró al palo y aguantó los cánticos. Solo la mar y él.

4 comentarios:

Juan M Sánchez dijo...

Maestro Toribios, es una historia deliciosa de la que destaco la frase en la que Timón se sentía, con el timón en la mano, hermano de muchos hombres libres, como él.
Fabuloso despertar de domingo.
Un saludo
JM

almanaque dijo...

Voy a tener que escribir uno para cada domingo (por lo menos).A ver si así acabo el año de una vez. Gracias J.M. una vez más.

Carmine dijo...

Evocar a Odiseo escapando de las sirenas ha puesto la guinda a este fantástico relato. Gracias por las enseñanzas que no son pocas. Un abrazo.

almanaque dijo...

Gracias, Carmine. Las sirenas siempre me han impresionado, desde la infancia.