sábado, 29 de marzo de 2014

PERFECTO



Gaudioso y Sabina llamaron a su vástago Perfecto con la insana intención de que lo fuera. Ambos eran maestros, Gaudioso de educación física y Sabina de filosofía; “mens sana in corpore sano” era su lema preferido, y así figuraba en un cuadrito en la pared del recibidor. Así que, en cuanto Sabina supo de su estado de gravidez, fue alborozada a contárselo a Gaudioso y se pusieron  a elaborar desde ese instante una programación curricular detallada para el nasciturus.

En este documento, que fueron escribiendo y pasando a limpio por las tardes, a la vez que corregían exámenes y tejían patucos, no faltaba de nada. Figuraba una sección de “Alimentación”, donde, presididos por el gráfico de los sagrados percentiles, estaban consignados los grupos de alimentos adecuados a cada mes, semana y hasta día del proceso de crecimiento. Había también un capítulo dedicado al “Espíritu”, donde consignaron la edad en que le explicarían cada misterio de la vida. Por supuesto no había lugar para las supercherías, como Papá Noel, Reyes Magos, ratoncito Pérez. En cuanto a la fé, consideraron que debían proporcionar al aún no nacido, un resumen bien aquilatado de todas las existentes, desde el animismo de los bosquimanos hasta las religiones del Libro y derivadas. En lo que a conocimientos académicos se refiere, establecieron un plan a base de coger un poco de cada una de las disciplinas escolares, de todas las especialidades, adobado con el estudio temprano de todas las lenguas nacionales y media docena de las más pujantes en el mundo actual, amén de una cierta dosis de latín y griego, que sirviera de base cultural. De este modo, pensaban Gaudioso y Sabina, que el futuro Perfecto tendría las puertas abiertas a cualquier profesión, vocación o arte imaginables. 

Terminaron el gran proyecto justo a tiempo para el alumbramiento. La primera noche ya dio Perfecto muestras de no querer saber nada de los bienintencionados planes paternos, pues se la pasó berreando, conculcando así la norma sobre las horas de sueño convenientes para un recién nacido. En la nutrición, pasó otro tanto de lo mismo, pues Perfectín mamaba de modo desigual, según sus apetencias, cogiendo peso unos meses por encima de lo razonable y perdiéndolo luego por negarse a succionar el pecho materno el tiempo necesario. Y lo mismo pasó en el campo de los conocimientos, en cuando empezó a ir a la escuela. Era revoltoso y tan pronto se negaba a hacer cuentas, como hacía docenas de ellas; dibujaba o jugaba al balón a voluntad y para los idiomas y la música demostró tener menos oído que un trozo de alcornoque seco. 

Gaudioso y Sabina estaban tan desolados que evitaban hablar de su hijo con las amistades y acabaron por ignorarle, después de varios intentos de meterle en vereda. En cuanto a la idea de proporcionarle un hermanito a Perfecto, el fracaso les había quitado las ganas por completo.

¿Y qué fue de un ser tan anárquico, inconsecuente y caprichoso? Pues, resultó ser un joven imaginativo y visceral, y un hombre reposado y sabio. Lo probó todo, fue artista, vendedor de coches, misionero en Africa, padre de familia y domador, entre otras cosas. Y, sobre todo, fue feliz la mayor parte de las veces.

6 comentarios:

Yolanda dijo...

Caray con Perfectín, finalmente logró , y sin ayuda, lo más codiciado por el ser humano.
Me gustó.

almanaque dijo...

Los caminos del Señor son inexcrutables, hermana...

Carmine dijo...

Si señor, me alegro por Perfecto. A mi también me ha gustado mucho.

Juan M Sánchez dijo...

Qué bueno es, maestro Toribios, tras una pausa larga, reencontrarse con las buenas letras de tu blog. En este caso también he tenido un domingo jovial y deleitoso gracias a este perfecto Perfecto y a sus padres demasiado castradores: les está bien empleado.
Un saludo
JM

Manuel Montesinos dijo...

Lo dicho D.Antonio que estás "sembrao", me estás atrapando con tus últimas publicaciones sin dejarme escapar. me recuerda tu texto a un libro increíble de Unamuno: "Amor y Pedagogía" que hablaba algo de esto y es que para qué tantos planes. Me alegro por el personaje que se libera.
Abrazos

almanaque dijo...

Gracias Carmine, Juan M. y Montesinos. Que me leais es todo un placer. Sobre lo que me dices, MM, sobre el maestro (este de verdad) Unamuno, efectivamente, algo habrá en este micro de esa novela. No fui consciente, pero las lecturas que hemos hecho forman parte de nosotros.