jueves, 12 de diciembre de 2013

BEATRIZ



Un día de primavera, hermoso cómo sólo lo son los días de primavera en las novelas, Algerico se encontró con Beatriz. No fue en un jardín, ni fluían morosamente los perfumes de las flores, sino más bien flotaba sobre el polvo el espeso aroma grasiento de los churros; no había sombrillas ni abanicos, solo si acaso algún ridículo sombrero mejicano ganado en una tómbola. Pero Algerico miró a Beatriz en la verbena, bajo los sones de un “Only you” cantado por cuatro ganapanes, y se tendió al instante entre ambos ese hilo de oro inmaterial que tanto han cantado los poetas.