lunes, 9 de septiembre de 2013

RENOVATO



  Que los niños son crueles y que la infancia no es ese paraíso de bondad e inocencia que nos han vendido, es algo que todo el mundo sabe, exceptuando algún alma cándida que se empeña en engañarse. A Renovato en la escuela le llamaban Reno, por abreviar, y si se libró de que le atormentaran preguntándole que posición ocupaba en la reata de Santa Claus, no fue por la presunta bondad de sus compañeros, sino porque, en aquellos lejanos días, el gordo bonachón de la campana era aún un imberbe muchachito con tipo de bailarín de tango.

Pero la condena no hizo más que aplazarse, pues su época de sufrimiento comenzó con el llamamiento a filas. En cuanto el joven Renovato hizo su entrada en el campamento de reclutas, una voz unánime lo rebautizó como Re-novato, o sea “novato doble” y del mismo modo se duplicaron las crueles bromas. Desde duchas frías hasta simulaciones eróticas con la almohada, pasando por bailar con el “chopo” o cantar desde dentro de una taquilla, todas las perrerías habituales le fueron aplicadas.

Pero Renovato no se doblegó, antes bien se creció en el castigo. Acabado el compromiso con la patria, se licenció y decidió entrar en religión. Como él decía a menudo:  “el castigo moral de los inicios de la vida castrense ha templado mi carácter hasta hacerme inmune a cualquier eventualidad futura”.  Ingresó pues en un seminario donde, a pesar del frío intenso y las raciones magras, no decayó ni un momento su entusiasmo. Entró en conocimiento allí con Pastor, que había vivido la gracia de una intensa experiencia mariana. Con él y otro compañero, de nombre Anesio, descubrió en la biblioteca, entre “Energía y pureza” y “La perfecta casada”, un tomo perdido de las obras completas de Bakunin, cuya lectura estuvo a punto de minar el vigor de su espíritu. Convencidos por las proclamas del impío, fundaron el RPA (Reverendos Padres Ácratas), pretendida corriente de opinión dentro del aggiornamiento que empezaba a estar de moda. La cosa quedó en pecadillo de juventud al enterarse don Acacio, el prefecto, que les dispersó como a la mala hierba, mandando a cada uno a un lugar distinto de la geografía patria.

En el futuro, recibidas ya las órdenes mayores, el trío se hizo tan famoso por sus predicaciones que el propio Bakunin les hubiera envidiado.

3 comentarios:

Juan manuel S dijo...

Qué vida la del infatigable Renovato, maestro Toribios. Eso sí, lo de la RPA es una guinda impagable.
Como siempre, una sonrisa para detener el paso incierto de este mundo cansado.
Un saludo
Juan M

almanaque dijo...

Gracias por el empujón. En el próximo comienzo con abril, aunque estemos ya casi en el otoño. Tiempos hubo en que pretendí ir a la par que el calendario...

Anónimo dijo...

Hola, si te apetece compartir tus relatos, écha una ojeada a ésto
http://280ypunto.blogspot.com.es/
Un saludo.