lunes, 19 de agosto de 2013

SEGUNDO



Después de Adelmo, Hildelita y Latino tuvieron a Segundo. Luego vino Rómulo, porque don Latino había visto una foto en el Espasa de unos niños mamando de una loba.

Segundo siempre llevó mal eso de no ser el primero. En parvulitos se peleó con Agapio, que siempre llegaba antes a la fila. En los primeros cursos era Epigmenio su enemigo, un empollón cegato que se sabía hasta las formas verbales que no estaban en el libro. Así siguió hasta la universidad, en que topó con Berta, una chica lista que además estaba como un queso.

Allí empezó Segundo a flaquear, atrapado en la paradoja de odiar el alma de su competidor y amar las sinuosidades de su cuerpo mortal. Nunca se le había presentado ese problema hasta el momento, pues en el pueblo un cantazo bien dado o una oportuna zancadilla junto al charco más fangoso de la calle, le habían ido solucionando las pendencias.

Estaba el buen Segundo atrapado en la encrucijada entre su animalidad más primitiva y un sentimiento nuevo que no sabía como torear, cuando entró en escena Simón, un premio extraordinario de bachillerato, deportista y juncal.

De como se invirtió la dirección del combate hacia el ángulo opuesto del triángulo se podría escribir una novela, pero están todas ya escritas. El hecho es que Segundo acabó siendo primero en el corazón de la que antes fuera su enemiga. Vivieron juntos largos años y, eso sí, se siguieron peleando sin cesar por mantener la primacía, como ocurre en cualquier matrimonio de bien.

2 comentarios:

Juan M Sánchez dijo...

Bueno, bueno, maestro Toribios, vas a todo tren, y no solo en cantidad sino en calidad. Con la primera frase ya te sales del mapa.
Gracias por estos relatos.
Juan M

almanaque dijo...

Son los nombres, que me lo poenen fácil. Gracias, Juan.