miércoles, 10 de julio de 2013

JOSÉ



José un buen día empezó a encontrar raro su nombre. Fue después de comer callos con garbanzos en un barucho del centro que solía frecuentar, tras una mañana ajetreada en que había conseguido colocar un buen plan de pensiones a un infeliz llamado Deseado. “Qué nombre pintoresco” –pensó- e, inconscientemente, lo comparó con la sencillez y clasicismo del propio; pero, en algún rincón de su cerebro, esas dos sílabas, Jo-sé, sonaron con la reverberación de un gong de película barata. Jo-sé, gong-gong, qué raro, le sonaba como si nunca antes hubiera oído algo parecido.

Fue al baño y, mientras desdibujaba con el chorro los islotes marrones de la loza, se miró de reojo en el espejuelo del lavabo. Jo-sé. Jo-sé. Nada, seguía pareciéndole un significante vacío, un elemento fonético sin significado, una cadena de fonemas exento de simbolismo. Jo-sé, dijo José mirándose a los ojos en el azogue medio descascarillado, y en su mente rebotaba el sonido de neurona en neurona, como el puntito del juego de pin-pon en la pantalla de un monitor en blanco y negro.

Lo peor era que su cara empezaba a resultarle también desconocida. Y no es que sus facciones le pareciesen en su conjunto algo distintas, sino que la nariz, ahí en medio, con esos agujeros a los lados, le daba la impresión de ser un ser orgánico independiente y amenazador. Por otra parte, cada ojo, se le antojaba la esfera acuosa por donde emergía la maldad del mundo, y qué decir de sus labios que, separados en una “o” de sorpresa, le introducían en un pozo profundo rodeado de fiera rocalla amenazante.

Le encontró Gertrudis, la dueña del bar, cuando entró a media tarde a pasar un poco la fregona por las figuras romboidales del piso. Estaba absorto en la imagen del espejo y babeaba. “Pepe, Pepe”, llamó, pero ya fue inútil.

2 comentarios:

Juan manuel S dijo...

Es la deconstrucción de la identidad popular o la transubstanciación del hombre de la calle. Maestro Toribios, creo que te esperan en el Oulipo, que es un Olimpo pero en potencia.
A sus pies, un admirador.
Juan M

almanaque dijo...

...un esclavo, un siervo, que diría López Vázquez en "Atraco a las tres".
Gracias Juan M. otra vez más. Los de Oulipo no son mal modelo no, por aquí tengo los "Ejercicios de estilo" de Queneau, y algunas cosas más. Jugar con el lenguaje es siempre fascinante.