martes, 2 de julio de 2013

CÉSAR



A César todo el mundo le llamaba Tarús. Todo empezó en parvulitos, cuando a la señorita Leocricia, una solterona esteatopígica, le dio por llamarle cariñosamente Cesarín. En Tercero, don Menigno, un pícnico guasón, varió el apelativo convirtiéndolo en Tarín y de ahí a que Especioso lo dejara en Tarús sólo hubo un paso.

Especioso era el compañero de pupitre de Tarús en Bachillerato. Era menudo y explosivo como la mostaza, decían algunos, y padecía de azogue, según doña Madrona, madre adoptiva de Cesarín.

Doña Madrona no había tenido suerte en el amor. A los veinte años se enamoró perdidamente de Clemente, un cura ye-ye de guitarra en bandolera y sonrisa profidén, pero la cosa no fraguó porque se impuso la vocación en el clérigo ante los acercamientos de la ninfa. Marcada por ese desengaño, anduvo Madrona en brazos de varios y en boca de la vecindad, hasta hallarla los treinta desangelada y sola como una facultad de clásicas en tiempos de barbarie.

Fue entonces cuando apareció Raimundo, un castigador curtido en mil peleas, del que Madrona se prendó. Pero el  chulo resultó un bluf a la hora de rendir cuentas en el ara de la pasión y Madrona no estaba ya para bobadas. Fue por entonces cuando apareció Cesarín en un portal y se lo quedó sin más explicaciones. Los vecinos aceptaron el hecho sin darle más vueltas y la imagen de la casquivana trocó en cuestión de días en madre entregada hasta la hez en el ministerio que auguraba su nombre.

Cesarín fue creciendo en el seno de aquella familia monoparental, con la compañía de un pequeño transistor que suplía la presencia de hermanos, tíos y primos. Ello propició que Tarús adquiriese pronto una gran elocuencia y diese muestras prematuras de dominar el difícil arte de la oratoria.

De ahí a la política hubo solo un paso, habida cuenta de coincidir su adolescencia con una etapa de agitación, y ya se sabe lo del río revuelto. Con el tiempo llegaría a ser un líder carismático, lo que haría de su nombre una premonición de la que Matrona se ufanaba en saraos y recepciones. 

De la vida y peripecia de Especioso apenas hay noticia, pero algunos afirman que fue toda su vida una persona honrada.

4 comentarios:

Juan manuel S dijo...

Salvo lo de la política, este relato habla de mí: se empeña todo el mundo en llamarme Juanma.
Como siempre, ingenioso y agudo.
Juan M.

almanaque dijo...

Juan M., Juanim, Juanitom...
La vida es una deriva.
Gracias, Juan M.

Yolanda dijo...

Eres el rey de los micros sobre nombres y todas sus vertientes.

He disfrutado con este César tan particular.

Besos.

almanaque dijo...

Personaje real como la vida misma, al menos en alguna de sus características. Gracias, Yolanda, eso de ser "rey" mola.