jueves, 18 de julio de 2013

BRAULIO



Don Braulio era pequeño y sosegado. No era de esos profesores que asustasen a los discentes gritando ni, mucho menos aún, que sacasen la mano a pasear, como pasaba aún a menudo en aquellos tiempos heroicos. Braulio llegaba a clase con la carpetilla de las notas apretada contra el pecho, con ademán torero; topaba con la tarima y ascendía a ella con una gran zancada, como un ganador de los cien metros lisos que tuviese prisa en ponerse en lo alto del podium.

Una vez en sus dominios, don Braulio cogía una tiza y se quedaba parado con ella en alto, como hacen los directores de orquesta cuando piden silencio antes de arremeter las primeras notas con gesto impetuoso y firme. Lograda ya la calma necesaria, comenzaba a dibujar en la pizarra los símbolos del álgebra con la morosidad y el cariño de quien teje un tapiz.

Don Braulio, claro está, no había nacido siendo profesor de matemáticas. A su debido tiempo había sido niño, e incluso mamoncejo, que es como llamaban en su pueblo a los niños de pecho. Entonces don Braulio era Braulito, un infante de los que ahora se diría que no alcanzan el percentil adecuado a su edad. Entonces se conformaban con llamarle renacuajo. 

Su padre, Tétrico, quedo viudo el día que Braulio vio la luz y nunca llegó a perdonárselo. Se le acentuó la cualidad del nombre hasta límites extremos. Su perpetuo traje de luto contrastaba con la palidez de su rostro, lo que unido a su expresión distante, hacía huir a los convecinos a su paso. La niñez de Braulio no fue lo que se dice un valle de rosas, de ahí que cuando pasó por la escuela el reclutador de los dominicos no dudara un momento en enrolarse entre los vendimiadores del Señor. 

Llegó a vestir sotana, lo que le asemejaba, dadas sus proporciones, a una calabaza que flotara en el éter. Los compañeros le llamaban Zeppelin, aunque se buen oído musical le aupó a ocupar cargo de solista en el coro y le granjeó simpatías que compensaban su autoestima dañada.

El hambre, el frío y el deseo de conocer mujer, truncaron por ese orden la vocación del mozalbete. Tras salvar el escollo del rector, don Frigidiano,  que se negaba a admitir su abandono, Braulio consiguió matricularse en Exactas con beca y descubrió su verdadero lugar en el mundo.

Ahí lo tenemos en la iconografía, tiza en mano, subido en la silla para alcanzar la parte alta de la pizarra cuando explica el binomio de Newton. No hay profesor más respetado, pues su paciencia es proverbial. Sólo Salvador, un chico raro con bigote incipiente cayendo en abanico sobre el belfo, permanece ajeno, llenando su cuaderno de dibujos que representan otros mundos.  

8 comentarios:

Juan manuel S dijo...

Braulio cultivó las ciencias exactas, que son las más sublimes de las ciencias, y por eso mantenía con la física ese sutil equilibrio que solo la sabiduría sabe mantener y no enmendar frente a las las letras.
De veras, maestro Toribios, debo trasnochar para hallar en el cobijo de la noche esa luz que solo el firmamento proporciona.
Mi reverencia
Juan M

Anónimo dijo...

Si te apetece compartir tus relatos, echa una ojeada a ésto
http://280ypunto.blogspot.com.es/
Un saludo

almanaque dijo...

Gracias, Juan Manuel, me honra ser luz en su noche, caballero.

Y gracias también invita a "280 y punto", donde acabo de colgar un relato.

Seguimos emitiendo...

Elías dijo...

Lo de Braulio, "bordao", como siempre.
Pero ahora me han entrado ganas de saber más de ese Salvador "extraterrestre".

Abrazo.

almanaque dijo...

Gracias, Elías, por tu atención. Buena cosa es que un relato deje al lector con ganas de más, pero ese Salvador volverá a salir o no, depende de los azares del calendario. Saludos.

Yolanda dijo...

Tengo dos Braulios en la familia aunque con menos andanzas que este.
Me encanta tu forma de describir personajes partiendo de sus nombres y admiro el ritmo descriptivo con el que atrapas al lector.

Mi admiración una vez más.

Cuatro Líneas dijo...

Yo creo que este Almanaque pide a gritos una edición papel.

almanaque dijo...

Gracias, Cuatro Líneas. No es mala idea, a ver si encontramos editor. Por el momento, mi objetivo es acabar el ciclo anual. Me quedan como 70 cuentos o más.