miércoles, 31 de julio de 2013

BIENVENIDO



Bienve siempre fue muy callado. Ya de bebé era serio y formal y, aunque sin llegar al extremo de dejar de mamar en cuaresma, evitaba lloros y gorjeos en las horas de sueño de sus progenitores. Y es que se sentía obligado con Basilio y Reinalda, unos padres tan ejemplares  como para poner Bienvenido a su séptimo vástago, después de engendrar seis machos “buscando la niña”.

Ni que decir tiene que Bienvenido fue un alumno ideal en la escuela, hasta el punto que doña Lea, la profesora de Lengua, no cesaba de repetir a quien la oyera que era un niño “de los que te quieres llevar para casa”, lo que tenía a Basilio al borde de la denuncia por peligro de rapto inminente. 

Llegado el momento de servir a la patria, fue Bienve recluta ideal, por lo discreto y cumplidor, lo que lo elevó a la dignidad de ordenanza de un comandante llamado Zacarías, con fama del altivo por haberse pasado la juventud viviendo en las copas de los árboles.

Buscó Bienvenido trabajo a la vuelta del ejercicio de las armas y lo halló en la tienda de don Avito y doña Calínica, que lo trataron con el cariño destinado al hijo que nunca tuvieron. Tenían eso sí una hija, Basilisa, con quien Natura no había sido precisamente pródiga, pero que era buena y honrada hasta la médula. Para que aquello acabara en boda no tuvieron los hados que hacer grandes esfuerzos.

Vinieron los hijos, se nutrieron, crecieron y a su vez se multiplicaron. Bienvenido y Basilisa llegaron a esa edad apacible en que uno se sienta a la puerta de casa y mira hacia atrás desde la última vuelta del camino. Y sucedió entonces el fenómeno. Precisamente el día en que le llegó a Bienve la carta de la jubilación, emitió un sonido gutural, algo así como un “yuju” mezcla entre el grito de triunfo de Chita y el estertor de King Kong al caer del rascacielos, y se fue corriendo hacia a la calle.

Desde entonces y hasta la fecha, eones después, Bienvenido no desperdicia ocasión de llevar la contraria a quien tenga delante, ya sea un mendigo o el propio obispo metropolitano. Sale temprano a la calle y se entromete en la primera conversación que encuentra, defendiendo siempre la postura más extrema. Llama a la radio para defender lo indefendible, manda mensajes insultantes a la tele-basura y, lo peor de todo, se ha aficionado al merengue y practica en casa a la hora de la siesta.

3 comentarios:

Beatriz Basenji dijo...

Encantador Bienvenido. También tengo EL ZACARÍAS,un cuento que publiqué en mayo de 2011. Siempre es un gustazo leer tu producción. Cordiales saludos.

Juan manuel S dijo...

Ha sido acabar la mudanza y sus contratiempos y ponerme a leerte. Ay, cómo me faltaban momentos de relax y agrado tras diez días de desembalar objetos improbables.
Un saludo, maestro Toribios.
Juan M

almanaque dijo...

Gracias Beatriz.

Juan M., hasto hoy mismo he estado haciedo el camino de Santiago, así que yo tambén he tenido un parón. A ver si estos días tengo un rato y la inspiración necesaria.