lunes, 17 de junio de 2013

LUIS ORIONE

Luis Orione era hijo de Aureliano y Egduino, dos hombres que se amaban y decidieron buscar un vientre de alquiler. Lo encontraron en Herlinda, una amiga de ambos que no dudó en hacerles el favor.

Luis Orione creció feliz y nunca tuvo el mayor reparo en hablar de sus dos papás, amorosos y entregados, y de Herlinda, esa mamá que aparecía por casa en los cumpleaños y momentos estelares.
Tenía Luisito algo que lo distinguió desde pequeño, y era su desapego extraordinario a todo lo que significase raíz o pertenencia. Digno marxiano en lo tocante a la frase de Groucho: “Jamás aceptaría pertenecer a un club que me admitiera como socio”, nunca se hizo de los Boys Scout, ni fue hincha de ningún equipo, ni siguió a ningún cantante de moda, y se mantuvo frío ante banderas, himnos y fanfarrias.

A veces ese no ser de nadie ni de ningún lugar, creaba a su alrededor cierta incomprensión, pues algunos no entendían, por ejemplo, que no defendiese a muerte las sopas típicas de la región frente a los aguachirles infectos del reino vecino. Pero él, se mantenía en sus trece y contestaba con un “cada una tiene su aquel”, que dejaba a los patriotas escamados.
Pudo Luis aprender idiomas y viajar, lo que acrecentó su visión ecuménica de la existencia. A veces bromeaba, cuando le preguntaban por su origen, diciendo que su nombre lo decía, que era oriundo de Orión.

Transcurrió la vida y llegó el amor de la mano de Fina, una joven arqueóloga que conoció en una excavación cercana a Reikiavik. Allí, bajo el influjo de los bravos vikingos, encontró Luis Orione el amor y las raíces a un tiempo. Ensimismado en las runas y los drakkar halló la pasión que no encontraba en lo cercano.


Tras muchas experiencias y aventuras, Fina y Orione acabaron regentando un restaurante de comida coreana en Benidorm.

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