viernes, 29 de marzo de 2013

BELINA



A Belina le pusieron nombre de canción melódica. No es que sus padres, Bonifacio y Juliana,  lo hicieran conscientemente, que ellos sólo aceptaron el nombre que el cura les propuso. Aquel párroco, don Agatón, tenía por norma bautizar a los niños con el santo del día y, haciendo gala de un cartesianismo impropio, seguía un orden alfabético anual. Ese año había habido un Auxibio y ahora tocaba la letra be. Sirva este introito para apercibir a los lectores de la falsedad del aserto inicial.

A Belina no le pusieron, pues, nombre de canción melódica, pero ella creía que sí, y es sabido que, muchas veces, importa más el convencimiento que la verdad. Sobre todo cuando topamos con personalidades tan tercas –dicho sea sin ánimo de ofensa- como la de Belina.

Belina creía que su nombre tenía por fuerza que dar pábulo a alguien para que le compusiera una canción melódica. Lo empezó a creer desde bien chica, cuando en la guardería escuchó los primeros sones, entonados en borreguil conjunto. Lo siguió creyendo llegada la edad de la primera comunión, cuando en el restaurante escuchara sonar en el pick-up las baladas de moda. Llegada la edad núbil empezó a asistir a bailes y verbenas donde conoció a chicos de su edad, algunos de ellos afables y discretos. Sus amigas empezaron a tener los primeros novios, pero Belina no, ella buscaba a uno que le compusiera una canción. Acabó los estudios y encontró trabajo en la ciudad. Allí conocería más gente y alguien  habría compositor, pensaba ella. Frecuentó “boites” y discotecas y encontró algunos hombres que la sedujeron con la promesa de componerle una balada, pero resultaron farsantes que sólo buscaban desfogar sus brutos instintos. Topó también con buenos muchachos, limpios y honrados, que seguramente habrían hecho de ella una feliz esposa, pero ella, terca como era, los rechazaba airada.

Así llegó Belina a la madurez y, como sin querer, a la senectud  y la vejez sin haber encontrado su razón de vivir.  

2 comentarios:

Juan manuel S dijo...

Caramba, eso me recuerda la historia, tal vez real, de mí mismo, que estuve a punto de llamarme Nereo.

almanaque dijo...

Interesante historia, Juan-Manuel-Nereo, digan de un relato. Gracias por el comentario.