viernes, 2 de noviembre de 2012

EULALIA

Eulalia pasó a la historia como suegra malvada, pero todo el mundo tiene una vida anterior. Eulalia, la bienhablada, se enamoró siendo niña de Damián, un vecino doncel, refinado y sensible, que gustaba de ornarse con los fulares de seda de su madre. Llamaba la atención esa pareja de pubescente y condesito, pues tal parecía el relamido infante a pesar de ser hijo de un cabo furriel. Eulalia esperaba a Damián a la salida de la escuela y lo invitaba a un mordisco de pan con chocolate, pero el niño lo rechazaba con mohines de noble en el exilio. La niña Lali lloraba en silencio esos desplantes mientras cuidaba la vaca de Melecio, un gañán rijoso que la manoseaba en cuanto tenía ocasión, a la sombra de las sebes. Atrapada la ninfa entre el ying del distanciamiento y el yang de la brutalidad, optó por buscar fortuna en otras tierras en cuanto fue mocita. En la ciudad vivió desventuras y, tras dar tumbos, acabó casando con Julián, un hombre hospitalario que se conformaba con mirarla arrobado en el claroscuro con fondo de visillos de la alcoba. Por eso los vecinos criticaron su preñez en cuanto fue visible. Del fruto de su vientre, del sembrador y de los sucesos subsiguientes hubiera surgido una gruesa novela, de haber habido un autor dispuesto.

2 comentarios:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Me gustaba más Eulalia cuando era sólo Lali.
Muy bueno, Antonio.

almanaque dijo...

Pues falta por contar lo de cuando es suegra... Saludos.