martes, 15 de noviembre de 2011

WALDO

Waldo manifestó desde muy niño unas peculiaridades especiales. Inteligente y despierto, sobresalió en todas las asignaturas sin aparente esfuerzo. Pronto despuntó en su conocimiento de las lenguas modernas, especialmente las germánicas. Sus padres, Eusebio y Albertonia, reuniendo sus caudales, lograron mandarlo al extranjero en cuanto acaeció la edad propicia. Permaneció Waldo varios años vagando, mientras se apropiaba del alma de los pueblos, que no otra cosa es el idioma. Tuvo sus experiencias amatorias con nativas fragorosas y con otras más reposadas y silentes, que la lengua cuenta también en esas lides. Volvió Waldo a su tierra y esposó a Virginia, doncella cabal y sin tacha que parecía esperarle desde siempre. Aunque le dio tres hijos –Ciro, Geminiano y Tarsicio- pudo el erudito dedicarse a sus tareas en cuerpo y alma, pues la joven esposa se ocupaba del hogar y la crianza. Waldo ganó una cátedra de historia y se puso a rebuscar monedas y trozos de cerámica por las ruinas de un antiguo asentamiento prerromano. Cada mañana salía de casa pertrechado con una cámara réflex y un maletín con varios objetivos. Así anduvo durante varios años, fotografiando presuntos canales y raspando con una brocha los delicados estratos arqueológicos. Pero un día apareció Marcela, una becaria con andares de pantera y rasgos de diosa, que se pasaba la vida huroneando entre las ruinas. Con ella vivió una pasión de madurez que le hizo ascender hasta las crestas más altas de la pasión y precipitarse a las más ínfimas grutas de la miseria. Durante meses, por las noches, los naturales oyeron aullar a los lobos entre los muros derruidos, aunque la última manada hubiera sido exterminada hacía dos décadas.

6 comentarios:

Javier Menéndez Llamazares dijo...

Claro, tanto cepillar el suelo en posición genupectoral… ¡Ay, qué peligro tienen las becarias!

almanaque dijo...

Cuánto honor. Muchas gracias por la visita. Hasta cuando quiera, caballero.

Beatriz Basenji dijo...

Es lo que tienen los profesores de Historia.Caen en el aburrimiento y huyen con los pretextos de servir a la Arqueología.El resto estaba cantado ! Por eso mismo, las féminas debemos copiar a las mujeres de los militares, que tan adiestrados llevan a sus maridos,que apenas llegan de los cuarteles ála, a lavar los calzones de las damas!!
Cordiales saludos.

almanaque dijo...

A saber qué haría del viejo profesor la becaria una vez le hubo exprimido y cómo se vengó la legítima cuando regresó al hogar con el rabo (de lobo) entre las piernas.
Saludos y gracias, Beatriz.

Beatriz Basenji dijo...

Vengo de leer tus ultimos cuentos en CONTANDO BAJO LA LLUVIA.Eres UN MAESTRO CONTANDO !!La brevedad.Cuanto muestras al lector.Cómo nos seduces, como deslumbras con un final perfecto.Una vez mas,felicitaciones.

Anónimo dijo...

Joer, Bea...muchas gracias.