martes, 8 de noviembre de 2011

TIADILDE

Cuando nació Tiadilde, sus padres, Habrilia y Amnicado, habían ya empleado el cupo entero de talento bautizando a Serena, un año antes. Así que les costó dios y ayuda encontrar otro nombre que les satisficiera. Lo hallaron tras seis días de consultar diccionarios y almanaques, y al séptimo descansaron. ¡Tiadilde!, gritó eufórica Habrilia, y Amnicado se apresuró a asentir, aliviado como cuando ella encontraba al fin unos zapatos a su gusto, tras probarse tres pares de docenas. En aquellos lejanos tiempos existían ya las fotonovelas en color, pero aún faltaban muchos años para que por aquellos contornos se sospechara siquiera lo que serían los juguetes de látex, y menos aún las reuniones de Tupper Ware erótico. Por eso ninguno de los protagonistas sospechaba que Tiadilde acabaría siendo musa de una competitiva marca de utensilios del ramo del placer. La culpa fue de Hipólito, un joven chalán, bien dotado para la monta, que supo sacar partido a los nuevos aires de libertinaje que empezaban a penetrar, de aquella, por las troneras abiertas de la patria.

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