domingo, 6 de noviembre de 2011

PAULA

Paula era una niña de buena familia. Sus padres, Clara y Flaviano, la educaron en buenos colegios y cuidaron de darle en casa unas normas esmeradas acerca de cómo tratar convenientemente a iguales y criados. Aprendió a comer porciones de canario y a limpiarse los labios con precisión quirúrgica, a estornudar sin ruido y a sonreír con parquedad, a coger las tazas de té por el asa y las copas de vino por el tallo, a decir no cuando es tal vez y sí cuando es ya lo veremos. Estudiaba francés y piano y, por supuesto, practicaba equitación. Sin embargo no podía evitar un vicio horrible, y era proferir todo tipo de palabrotas e improperios con el menor pretexto. Sus padres lo achacaban a la herencia maldita de una tal Basilio, palafrenero con oscura fama de bravío que, siglos ha, pudiera haber enturbiado las cadenas de ADN de la saga. El caso es que bastaba con que el caballo tropezara en uno de los palos para que la dulce damisela se convirtiera al punto en bestial descargador de muelle, con palabras tan gruesas que bajaban ipso facto a la corte celestial al nivel del limo de una ciénaga. No había manera de reconducir estos instintos, por más que la joven Paula se prometiera a sí misma la reconducción de su conducta vergonzosa. Pero hubo un día que, ante lo sacrílego de su denuesto, se abrieron los cielos y tronó una voz en una lengua antigua. Tan remota era que nadie entendió nada. Pero Paula no volvió a ser la misma. Al día siguiente tomó un vuelo a Damasco, se alojó en un hotel y se puso a esperar más instrucciones. Fue pasando el tiempo hasta que la dirección le aplicó tarifa de estable. Allí fue envejeciendo mientras se dedicaba a los negocios más dispares, desde profesora de yoga a adiestradora de dromedarios cojos. Siguió jurando, aunque ahora lo hiciera en arameo. De la voz vetusta nunca más se supo.

2 comentarios:

Elías dijo...

¡Joder con la Paula!
Como "pa" llevarle la contraria a la niña.
¿Anda y que le den!

Abrazo.

almanaque dijo...

Gracias, Elías, por tu comentario.
Yo creo que la pobre es una víctima de un dios falócrata que la ningunea. Lo que no dice el cuento es que acabó siendo una islamista radical, de puro despecho.