lunes, 7 de noviembre de 2011

CESÁREO

Cesáreo quería ser Dios. De todos los personajes de la Doctrina no quería ser aquel forzudo que vencía a todos por las bravas, ni el muchacho que suplía su fuerza por su maña con la honda; tampoco el que engañó al hermano con las lentejas, ni siquiera el Faraón de Egipto, con todo su poder, sino ese Dios que todo lo veía y todo lo sabía y podía estar en todos los sitios a la vez. Su confesor, don Sulpicio Severo, se escandalizó cuando una tarde el tierno infante le confesó su gran pecado. Le acusó de impío y de soberbio y le impuso varios rosarios como penitencia. Sin embargo Cesarín no conseguía domeñar en su fuero interno ese deseo. Más que la omnipotencia, lo que al crío le atraía eran otras cualidades como la omnisciencia, que le permitiría aprobar sin estudiar, y ese permanecer más allá de los hechos, sin tener que intervenir ni verse arrastrado por las marejadas de la historia. Recordaba un viaje que había hecho con sus padres en tren, sentado tras el cristal mientras discurrían fuera los campos, las arboledas y las ciudades, como en el cine. Eso, y poder parar el tiempo a voluntad. Poder continuar disfrutando del domingo hasta cansarse o pasar apenas unos segundos en las clases más agobiantes y pesadas, le parecía una ventaja sin igual. Le llegó a Cesáreo el tiempo del amor y comenzó a penar por Vilana, una chiquilla elástica y altiva que tenía la facultad de irse volando en cuanto él iniciaba la más sutil de las aproximaciones. Sufría Cesáreo por causa de esta esclavitud de naturaleza tan mortal y, a la vez, deseaba sentirse más y más humano. Ya no deseaba ser Dios, sino hombre y bien hombre. Eso sí, de poder elegir, no le hubiera importado ser el hombre invisible, para poder seguir sin ser visto al objeto de su desazón.

3 comentarios:

Alma dijo...

Vaya por Dios...

Cesareo debió enamorarse de Paula, la aramea. Defiitivamente Dios le da pan al que no tiene dientes

almanaque dijo...

Sí, Alma, algunos personajes de este santoral deberían conocerse entre ellos. Desgraciadamente están prisioneros en la viñeta de su día. Aunque algunos se escapan...

Anónimo dijo...

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