martes, 5 de julio de 2011

ABUNDANCIA

Arsenio y Basiano quedan siempre en la taberna de Canuto, un lugar que ha perdido idiosincrasia desde la última prohibición antitabaco. No obstante, allí siguen yendo Ábaco y Contexto a mantener esas largas conversaciones eruditas que acaban teniendo un corrillo de curiosos que se permiten comentarios en voz alta al estilo de los espectadores del tute o bien quedos y arteros como en el mus. Todos forman una extraña coreografía junto a Audifaz, Caya y Cosconio. Pero es Pío, en su silenciosa discreción, quien da la nota discordante. Pío es tan poca cosa que todo el que entra se queda mirando su figura de gorrión asustado como si fuera el culpable de un horrendo crimen aún por cometer. Germana es una hembra morena, de mirada oscura como una bocamina. Viene por el bar por ver si Ábaco termina su eterna disertación sobre temas tan etéreos que no admiten ser cuantificados ni medidos. Del para qué le quiere no se sabe, pues nunca nadie ha sido testigo del final. A Suceso nunca le pasa nada interesante; lo suele comentar con Julio, el quejumbroso. Este aparece sólo los días fríos de invierno, pues odia el calor y se encierra en un sótano a escribir novelas de vampiros en cuanto sale el sol. Pero la reina de la noche es Abundancia. Pletórica de carne y alegría, irrumpe sobre la medianoche en el local y arrastra con ella a toda la concurrencia, que la sigue por los garitos de la zona como un cortejo de muertos borrachuzos. La estampa que más ha trascendido en la iconografía es la de una especie de Santa Compaña en día de asueto.

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