domingo, 24 de abril de 2011

ALDO

Aldo nació para poeta. Cuentan que su llanto tenía ya una cadencia que engolosinaba a quien lo oía. Sus primeras palabras fueron en verso y lo mismo las siguientes hasta crear cierta expectación en el entorno. Cuando ingresó en la escuela, don Maurilo se dio de manos a boca con aquel niño-fenómeno del que todos hablaban y le administró las primeras letras, que Aldo recibió con la reverencia debida a una forma sagrada. Desde entonces todos los libros fueron pocos para acallar su demonio interior.
Aún no llegada la Reválida, Aldo se había enamorado fieramente, como no podía ser de otra manera. La niña se llamaba Ana o Ángeles; las fuentes no se ponen de acuerdo en este punto, pero sí en atestiguar tanto su seráfico donaire como su nula permeabilidad a la belleza. La prueba es que Aldo pasó los siguientes diez años de su vida componiendo los versos más hermosos, versos que resbalaban por la piel de la deidad sin dejar la menor huella en su interior. Llegó el momento y Ana (o Ángeles) matrimonió con Nicanor, un iletrado vendedor de productos de limpieza que la deslumbró con el brillo de su decauve. Tal desengaño dejó a nuestro poeta tan postrado que su familia llegó a temer por su salud.
Fue una época oscura. Afortunadamente, al final del túnel estaba Domiciano, un tío materno que regentaba un merendero. Allí nuestro Aldo trocó las sinécdoques y los endecasílabos por la bullabesa y la tortilla a la paisana. No fue de un día para otro. Hubo una transición y alguna vez los comensales salieron ahítos de versos y los asistentes a un recital con el alma contaminada de morcilla. Pero las salsas volvieron a su cauce y el mundo asistió perplejo al nacimiento de la cocina lírica. Hoy los platos de Aldo figuran en las enciclopedias junto a los cuadros de Kandinsky. Y es que, como dicen que decía un poeta local, la poesía no está sólo en los versos sino en todo lo que bulle.

2 comentarios:

Dante Bertini dijo...

tuve un primo Aldo al que nunca entendí, melancólico, estiloso y delgadísimo...no se qué fue de él, pobre primo...

almanaque dijo...

Qué alegría, Dante. Este blog no es el mismo sin tus aportaciones, sin estas pinceladas que contrastan y enriquecen el personaje.