martes, 1 de febrero de 2011

ÁGATA

Ágata siempre quiso ser actriz. Y eso que no había lo que se dice tradición familiar. Su padre, Honorato, era un probo gruísta y de su madre, Pascasia, se sabe que, amén de atender a su familia, cosía pantalones para una tienda de la vecindad. No había en el hogar otra ventana al mundo de las bambalinas que no fuese una televisión en blanco y negro que Honorato pagaba en letras mensuales a costa de hacer girar la pluma sin descanso. Sin embargo una adaptación de Ibsen hecha en estudio y varias películas de “Sesión de Tarde” fueron suficientes para que fructificara en el corazón de Ágata la agridulce semilla de Talía. A pesar de ser gordita y sosa, la niña se empeñó en recitar por el pasillo los monólogos de “Casa de muñecas” o en bailar claqué en cuanto había ocasión, o incluso sin haberla, provocando el sofoco de su hermana Pusilana ante el estupor de las visitas.
Llegada la época del desarrollo, Ágata seguía aún con el afán, si cabe acrecentado. Natura había hecho algunos arreglillos en su ser que la interfecta se encargó de resaltar con un bustier ad hoc y el pelo teñido de un rubio cegador. Su vecino Jocundo intentó, por entonces, intimar con ella a espaldas de su hermano, aunque sin éxito. Las miras de la joven eran altas, mucho más que esa línea del cielo de carcasas de hierro y cemento que el honrado Honorato divisaba desde su peculiar cofa allá en lo alto.
Antes de su mayoría de edad ya tenemos a la animosa Ágata instalada en una pensión barata de la capital. Pronto comenzará la familia a recibir las famosas cartas donde la diva se explaya relatando las estaciones de su ascenso prodigioso. Primero fue Yerma, luego un personaje de Casona, otro de Benavente y por fin Ibsen, su broche de otro. Pasan las navidades y llega un nuevo año y otro y otro. ¿Cuándo sale en la tele? -preguntaba Lucrecia, la vecina de abajo. ¿No viene nunca a veros? –se atrevía a inquirir Basilisa, la lechera. Preguntas sin respuesta que Honorato rumia rascando frío allá arriba, mientras contempla las arboladuras pétreas del futuro. Pusilana teje en la galería, a la vista de todos, un largo chal que desteje luego al amparo de la luna.

7 comentarios:

jorgedeprada dijo...

Hola Antonio, soy Jorge de Prada el marido de Marifé, estuvimos charlando en el MUSAC sobre el www.proyectoarmonia.es., mi correeo es jorgedeprada@gmail.com, mándame uno tú y así ya tengo el tuyo.
La idea esta del almanaque y construir microrrelatos con los nombres del día es original y realmente desarrolla la imaginación. Le vendría bien a los alumnos de la ESO en las clases de Lengua.salu2

almanaque dijo...

Gracias Jorge por el comentario.

Noemí Pastor dijo...

Llamarse Ágata ya significa algo, porque, si no, te llamas Águeda y ya está.

almanaque dijo...

Hola, Noe, te echaba de menos. Estreno PC y estoy desorientado con el Windows 7.
Para mí Ágata siempre será la rubia platino de Valladolid. La recuerdo en un especial de Nochevieja vestida de pantera con un rabo muy largooo. (¿Qué será de ella?)

Noemí Pastor dijo...

Tranquilo. Seguro que la recupera para la gloria algún director de cine para agradecerle buenos ratos en su mocedad.

Adivín Serafín dijo...

Esa ausencia complice de un silencio de vida lo llena todo.

Blogsaludos

almanaque dijo...

Gracias Adivín por tu comentario y tu "seguimiento".