martes, 28 de diciembre de 2010

JAIME

Jaime y Diego eran buenos amigos. Ambos hijos únicos, vivían en casas cercanas, separadas por un amplio solar donde ocurrían hechos misteriosos en cuanto el sol perecía aguijoneado por las sombras. A veces los gatos que pululaban perezosos se transmutaban en flexibles panteras. Otras, el campo se poblaba de tribus extrañas que entonaban cantos mudos a la luna. Jaime y Diego observaban tras los cristales y se estremecían ante tales prodigios. Diego esperaba a que las luces de su casa se encendieran. Era la señal de que sus padres habían vuelto y de que debía ponerse el impermeable y partir. Jaime permanecía otro rato a la ventana, observando las sombras, hasta que su madre le llamaba para cenar.
La noche de Reyes encontramos a ambos mirando al exterior. Es una estampa tierna, digna de ilustrar un cuento navideño. La luz de la bombilla les ilumina apenas por detrás, mientras sus naricitas se aplastan contra el vidrio. Fuera la noche oscura, tachonada por el desvaído resplandor de dos farolas. Jaime ha visto la cabalgata y le preocupa como subirán los Reyes hasta allí. Le ha dicho su madre que para eso está la escalera de los bomberos, pero ¿cómo abrirán la ventana si está cerrada desde dentro? –se pregunta él. Diego le va a contestar, pero ve luz en su casa y se tiene que ir. Jaime va cayendo blandamente en el reino oscuro pero luminoso de los sueños.
Por la mañana se despierta y acude a la ventana alborozado. Allí están sus regalos, su pistola del FBI, su fuerte del Far West con indios y vaqueros. Más allá, en su ventana, vislumbra a su amigo armado con un winchester. Ambos se disparan con la fiereza de los enemigos enconados. Luego se alían para matar unos cuantos nativos de los que se esconden entre los yerbajos de allá abajo. Por fin, cansados de la guerra, van a desayunar con la paz de conciencia de los puros de corazón.

4 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

Qué bien. Vuelve el Almanaque ¡y con un cuento de Reyes! Ya sabes que tengo debilidad por los magos de Oriente y por disfrazarme. Este año desfilo con Baltasar y con un grupo de percusión senegalés. ¿Qué más puedo pedir?

almanaque dijo...

Hola, Noe. Me alegra verte por aquí. Resérvanos un poco de carbón.

Noemí Pastor dijo...

Lo siento, no nos dejan tener a mano carbón ni caramelos, por miedo quizás a que podamos usarlos como armas arrojadizas. Sólo nos permiten serpentinas y confeti, que golpean flojo.

Almanaque dijo...

Tiempos estos de seguridades extremadas. Se conoce que eso era más fácil que exigir a los niños ir provistos de casco y rodilleras. ¿O será por la cosa de la sanidad alimentaria? (Ya te queda poco para la gran noche...)