viernes, 31 de diciembre de 2010

BALTASARA

Cuando le preguntaban a Adoración lo de “qué quieres ser de mayor”, ella no contestaba que maestra, modista, azafata o mamá, como era en aquellos lejanos tiempos lo esperable. Ni corta ni perezosa, Dora, se colocaba con un grácil contoneo la cinturilla de la falda y lanzaba como un rehilete un “quiero ser Rey Negro” que dejaba al inquiridor patidifuso. Sus padres, Epifanía y Melchor, afeaban esa respuesta absurda y la achacaban a su corta edad. Sin embargo la niña crecía y seguía propagando su vergonzosa vocación a quien quisiera oírla, fuese Gaspar el lechero, Melanio el de los ultramarinos o Dimas, un pobre hombre que recogía cartones y afirmaba ver a san Pedro cabeza abajo en las sombras que se proyectaban bajo el puente que le servía de hogar. Preguntada por las razones de su afán, Baltasara –que así la llamaban ya sus convecinos-, respondía que deseaba viajar, repartir felicidad y hablar desde el balcón de Poridad.
Ideas tan peregrinas no eran de consentir, así que Epifanía tomó cartas en el asunto y encomendó a una Dora ya mocita a doña Liceria, con objeto de que la enseñase corte y confección y vaciase de pájaros su loca cabecita. Transcurrió así todo un año y en verdad nuestra Baltasara se centró, hasta el punto de dejar de ser llamada por tal nombre. Cosía por la mañana y hacía por las tardes el bachiller nocturno, destacando por su aplicación en ambas cosas. Epifanía y Melchor disiparon sus temores y se les veía plenos de gozo cuando salían del bracete a misa o al paseo dominical. Los vecinos ya no se daban golpecitos con el codo a su paso; muy al contrario los saludaban y se congratulaban de la vuelta de la hija al camino de la razón.
Transcurrieron varios años. Adoración se convirtió en una reclamada modista, colgó en el pasillo su título de bachillerato y se echó un novio de nombre Epifanio, corto de entendederas, pero honrado y cabal, que se ganaba la vida llevando portes con su flamante motocarro.
Algunas hagiografías hablan de una Dora trasmutada en Baltasar, con la cara tiznada y un rico atavío de sedas y brocado confeccionado secretamente con sus manos. Incluso hubo un niño, un vecino llamado Jaime muy dado a mirar por la ventana, que afirma incluso ahora, muchos años después, ya anciano, que la vio de esa guisa una Noche de Reyes. Pero no son datos contrastados. La historia oficial nos habla de una Dora reformada, que crió hijos y nietos tan constantes y equilibrados como ella. Lo demás es leyenda y como tal lo ponemos negro sobre blanco.

8 comentarios:

Elías dijo...

¡Ay, si tdos tuviéramos los redaños de ser Baltasara, o Niceto, quien demonios nos apetezca!

Veo que con el fin de año, tus personajes vuelven a cobrar vida.
me, y te, felicito por ello.
Los echaba de menos.

Un fuerte abrazo.

Almanaque dijo...

Gracias, Elías, por tu visita. Es un buen estímulo que a uno lo echen de menos. Feliz Año.

Noemí Pastor dijo...

Siempre son más bonitas las leyendas. Y, además, hay obsesiones que no se pasan tan fácil. Besos añonueveros.

almanaque dijo...

Gracias Noe. ¿Qué tal los Reyes? (cómo pasa el tiempo)

Noemí Pastor dijo...

La cabalgata fue bien, con bastante calor, pues soplaba viento sur y los ropajes de paje son recios y regios.
En cuanto a regalos, nada. Como soy mala, los regalos me los traen las rebajas.

Miriam M. dijo...

Fantástico, Antonio, fantástico. Me ha encantado tu blog. Me hago seguidora tuya. El lunes enlazaré unos cuantos blogs estupendos para actualizar mi lista que está muy imcompleta. Te leo. Un abrazo.

almanaque dijo...

Me alegro, Noe, de que todo fuera bien. Aquí tampoco hay ya "creyentes" así que habrá que tirarse a las 2as. Rebajas. (cómo pasa el tiempo)

almanaque dijo...

Perdona, Miriam, pero no había visto hasta ahora este comentario, aunque sí que te habías hecho seguidora. Cómo me alegro de que te guste mi blog. Me das ánimos para seguir.
Saludos.