sábado, 2 de enero de 2010

TEÓFILA

Teófila fue siempre un “alma de Dios”, una criatura tan cándida y sencilla como la de Flaubert, aunque sin loro. Como ella se dedicó durante largos años a fregotear casas ajenas, aunque tuvo más suerte en las lides del amor y encontró a Teodoro, igual de romo e inocente, cuando aún estaba en edad de criar. Ambos se adoraron desde el primer instante. El era jardinero en la casa de al lado y la descubrió mientras podaba el aligustre una tarde de sol. Ella colgaba la ropa en el tendal y sonrió ilusionada ante aquel regalo que atribuyó sin dudarlo a San Antonio. No en vano le había puesto el velón más gordo de la tienda una semana antes. Su noviazgo fue objeto de broma por sistema. Los señores y sus hijos no despreciaban la ocasión de divertirse a costa de sus fámulos. Desde citarlos a ambos en la cochera para aparecer en el momento cumbre armados de esquilones y linternas, hasta inventarse una amante secreta que pusiese al bueno de Teodoro en compromiso; así pasaban el rato aquellos seres ociosos y mezquinos. Pero Tea y Teo se adoraban, como ya hemos dicho, y en su simpleza tomaban aquellas humoradas por delicadas atenciones de sus amos. “Fíjate, Teo querido, -decía Tea, por ejemplo- que bueno es don Cesáreo que se azacana en inventarse bromas para nos con la de ocupaciones que ha de tener tan principal persona”. Hablaba así Teófila como efecto secundario de lecturas de quiosco mal digeridas que se administraba a solas en su alcoba. Pero era antes de su feliz encuentro. Ya nunca estaría sola. Se casaron pues estos seres felices y engendraron dos hijos: Abel y Ágape. El primero salió a sus padres y vivió siempre alegre en la pobreza. Pero Ágape era de otra pasta. Desde niño se enfrentó a las bromas con un rictus de desprecio. Con el tiempo se llegarían a ofrecer grandes banquetes en su honor.

4 comentarios:

Luis A. dijo...

Tus santos apócrifos recuperan la luz. Que vistos los anteriores, empezaba a pensar que sufrieras mal de (des)amores. :D

Noemí Pastor dijo...

Mira que hacen cruces raros los nombres: Ágape es uno de mis restaurantes favoritos de Bilbao.

Almanaque dijo...

Gracias Luis A. por tu visita. Estos santitos hacen lo que les place, así que ni yo sé por donde van a ir los tiros. Feliz Año.

Ahí noe te sale la vena norteña. Y es que, ¿qué hay mejor que una buena comida? Un buen vino, en todo caso.

Noemí Pastor dijo...

En eso (y en casi nada más) cumplo con mi estereotipo: me encanta comer.