domingo, 3 de enero de 2010

CALIXTO

Calixto tenía desde niño un sueño recurrente. Soñaba con un paisaje desolado de llanura con un árbol desnudo y seco en medio. Pasaban días o semanas y ahí estaba otra vez esa imagen onírica que le producía una extraña inquietud. Nunca se lo contó a nadie, pues dentro de sí vivía la experiencia como algo íntimo que formaba parte de su yo más profundo. Una voz interior le impulsaba a buscar ese lugar. Como quiera que su situación económica se lo permitiera, empezó ya adulto a viajar incansablemente con ese único objetivo. Pasaron los años. Había temporadas en que el sueño se ausentaba de su mente. Pensaba entonces que perseguía una quimera absurda, que sufría un trastorno y que lo mejor era buscar la ayuda de un psiquiatra. Sin embargo, de pronto reaparecía la visión con todo lujo de detalles y la necesidad de seguir volvía a ser perentoria. Unas noches el lugar estaba bañado por una luna lechosa e inmensa, otras llovía con mansedumbre en el páramo circundante y había veces en que el viento despertaba en las ramas quejidos semejantes a misteriosos mensajes cifrados sobre el lado oculto de la vida. Al despertar corría a trazar nuevas rutas en sus mapas, plagados ya de trazos y señales anteriores, conformando un extraño palimpsesto. Estaba seguro de que si un día encontraba el lugar, una vibración ajena a él mismo habría de indicarle sin temor a equivocarse el final de la búsqueda.


La juventud fue quedando atrás y Calixto seguía embarcado en su inane periplo. Una noche bebía y fumaba en un bar de carretera. Pensaba ensimismado en su cercana cuarentena, en su vida vacía, en su fracaso. Más que nunca encontraba todo sin sentido, cuando la vio entre las volutas caprichosas del humo de tabaco. Era una mujer acodada al otro extremo de la barra, una mujer con su mismo aspecto de haber sobrevivido a mil naufragios. Acortaron distancias, compartieron un trago. Dijo llamarse Dora. Se miraron. Bebieron. Se miraron. Al poco tiempo ambos sabían que allí dentro, en los ojos del otro, estaba el lugar que por separado tanto habían buscado; sólo que hacía sol y las ramas del árbol habían reverdecido.

4 comentarios:

MBI dijo...

Se miraron bien........
¿con que vino?

almanaque dijo...

Estos bebían güisqui, que pega más con el local y es más de película. Gracias por la visita MBI.

Dante B. dijo...

Amor con A de Antonio!

almanaque dijo...

No todo va a ser llanto y crujir de dientes, amigo Dante.