martes, 29 de diciembre de 2009

PAGANO

Pagano desde niño se vio obligado a dar testimonio ante el mundo de una Fe inquebrantable. Así lo exigía una época marcada por la militancia obligatoria en las cosas del alma. Cuando en clase se hablaba de cómo los impíos apedreaban a San Esteban o los idólatras amputaban los senos a Santa Águeda, treinta y cuatro miradas, entre inculpatorias e hilarantes, se clavaban en el chiquillo. Ello le producía una animadversión hacia sus padres y padrinos que devenía en una culpabilidad que a su vez le llevaba a frecuentar compulsivamente los sacramentos. De ahí a la fama de niño santurrón no había sino un corto paso, el que dio Zenón –recordemos la aporía de la tortuga- soltando un día en pleno recreo un rotundo “Pagano es un meapilas”. Se cerraba así un círculo fatal que llevaría al joven a dejar tempranamente los estudios.


Liberado del ambiente colegial, Pagano se enroló en una empresa de automóviles donde su nombre fuese uno más entre los muchos que se afanaban en la cadena de montaje. Así fue durante las horas laborables, pero no en las tardes que dedicaba al alterne y la disipación. El “qué pague Pagano” llegó a ser un latiguillo tan fatigoso y abrumador que le llevó a desligarse de su grupo de amigos para caer en el nefando vicio de los bebedores solitarios. La soledad acabó dando con sus huesos en tugurios de mala nota, donde las chicas que frecuentaba empezaron a llamarle “el pagano”, antes de conocer su nombre, por la facilidad con que le convencían de llenar otra vez la copa con sidra gasificada a precio de champaña de postín. Desesperado, decidió tirarse desde un puente, pero le salvó un individuo desgarbado y renegrido, con el pelo como la pez, que pululaba por allí con el mismo propósito. Su asombro fue mayúsculo cuando Querubín, que así se llamaba su inesperado salvador, le narró una vida pareja en desgracias a la suya. Nunca volvieron ya a separarse. Algunos iconos los representan unidos entre sí por un cordón dorado.

3 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

Saludos a punto de salir a comprar cava del decentillo.

almanaque dijo...

¿Cual es el decentillo?
A mí me gusta el seco o el brut, no el semiseco.

Noemí Pastor dijo...

Yo compro a 13 euros la botella uno en el eroski, cava catalán, no digo la marca porque no me pagan por ello.
Bueno, lo llamo decentillo porque me sabe bueno. No tengo puñetera idea de cavas ni de vinos ni ná.
Besos alcojólicos.