miércoles, 22 de julio de 2009

VALENTIN

Valentín no era valiente y sin embargo fue a la guerra. Una guerra cruel, como todas las guerras, en la que no le dejaron elegir trinchera. Seguramente se hubiera ido con los malos, por su fatal tendencia a ponerse del lado de los débiles. Era un rasgo heredado quizás de sus ancestros, segadores sin tierra condenados a bregar en las galernas del cereal embravecido. Sin embargo se vio impelido a servir un cañón al lado de los fuertes. Volvió con bien, si así puede decirse, y no recibió los premios y prebendas que se le suponen a un guerrero victorioso. Muy al contrario, tuvo que luchar con el civil denuedo de los débiles para sobreponerse a la realidad sórdida y miserable del después. Pasados los años tuvo un hijo que le preguntaba a veces por sus hazañas épicas. Quería saber detalles escabrosos, cuántos había matado, cómo mordían las balas las entrañas y los huesos, pero él le respondía con anécdotas chusqueras de furrieles y con peleas de quintos alrededor de una perola de patatas. Era Valentín sobrio y poco dado a la alharaca. Pasaron más años, sin excesivas penas ni glorias muy rotundas. Murió con el siglo. Solo. Como todos.

5 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

¿Y Valentín no se enamoró?

Dante B. dijo...

este hombre, además de valentín, era timidín, apocadín, calladín y un poco masoquistín.

un abrazo

almanaque dijo...

Pues sí, Noe, supongo que sí, aunque nunca me lo contó. Era bastante "calladín", como bien dice dante. Gracias a ambos por los comentarios.

Luis A. dijo...

La historia de la mujer de Valentín creo que merece la pena: una persona en paz consigo misma, que no se hace preguntas sobre la vida porque ni siquiera se le ha ocurrido que se pueda; quiere a Valentín porque cuando se miran a los ojos ve en los de él "-gracias-", como escrito en un susurro, y le entra por dentro como un calorcito. Cuando Valentín muera (porque ella le sobrevivirá), le guardará luto, pero no llorará mucho: habrá que ocuparse del papeleo de las pensiones de viudedad y de veterano, y cuidar del hijo hasta que siente la cabeza.

almanaque dijo...

Bienvenido Luis A. Tu comentario es un asombroso retrato complementario. Se diría que has creado la imagen que faltaba en el díptico.
Un abrazo.