martes, 24 de febrero de 2009

EDMUNDO

Edmundo era feliz con Loreto, a pesar de la extremada tendencia de ella a hablar sin ton ni son. Era Edmundo de natural callado y le gustaba esta cualidad de su pareja que le libraba de tener que participar en conversaciones inanes cuando estaba en sociedad. Podía así dedicarse a observar los lomos de los libros o las polillas que gravitaban alrededor de las bujías, cosas ambas que tenían más que ver con sus verdaderos intereses. Hacía poco que había ganado la cátedra de Entomología y estaba decidida la fecha de la boda.
Pero siempre hay algún espíritu dañino que se interpone en los planes de los buenos. En este caso fue Eulalia, la futura suegra, quien maquinó un plan para alejar a su querida hija de quien ella consideraba un fracasado. Se alió con Fulgencio, pretendiente secreto de Loreto, para acusar falsamente a Edmundo de malversación en los fondos dedicados a la investigación. Este infundio, junto a la denuncia por rijosidad de Julia, una alumna despechada, dieron con los huesos del infeliz cátedro en la cárcel.
Allí pasó unos años, entre inadaptados y perversos que le acrisolaron el carácter. El día que salió recibió la noticia de que había heredado una gran fortuna de su tío Melquiades, maderero en Brasil. Acarició unos días la idea de pergeñar una venganza de novela. Luego se serenó y decidió irse a la Amazonía a ocupar el puesto de su tío. Podría estudiar en su hábitat natural los insectos que tanto le fascinaban y, desde luego, loros no le iban a faltar.

6 comentarios:

Rosa Cáceres dijo...

Eso es firmeza de carácter, y lo demás son tonterías. genial como siempre.

Rosa Cáceres dijo...

Eso es firmeza de carácter, y lo demás son tonterías. genial como siempre.

Miguel Paz dijo...

Sigo leyéndole, Don Antonio, y disfrutando de estas perlas. Lo de Edmundo daría para una historia de tronío, o un best-seller en clave irónica.

almanaque dijo...

Gracias amigos por vuestros elogíos. Puesto que hoy (ayer ya; ah, tiempo fugitivo) es mi cumple los tomaré como un regalo.

Lo del best-seller, Miguel, lo consideraré.

Beatriche dijo...

Eso que tenemos claro: los dioses se divierten con tus personajes (vease Marcial). Y aquí tenemos un final feliz, pero... la jugarreta se la hicieron. Marcial es un caso raro, raro.

almanaque dijo...

Bueno, Beatriche, habría que saber si el bueno de Edmundo no acabó hasta el gorro del zumbido de los mosquitos y el cotorrear de los loros (y las loras).
Saludos.