jueves, 26 de febrero de 2009

ARTURO

Arturo se había sentido siempre alguien especial. Algo así como el protagonista de una superproducción en pantalla panorámica, con su tema musical de fondo, su claque comiendo palomitas en la fila siete y una dama llamada Ida, de rostro impenetrable, que lo esperaba siempre al final de la escapada. Un buen día se despertó y, plof, estalló en el aire esa burbuja en que vivía. Desde entonces nada tuvo sentido. Se limitó a vivir como un autómata, sin reconocerse en los espejos. Se sintió, por siempre, uno más de la manada en su vagar sin rumbo por la infinita estepa.

10 comentarios:

Rosa Cáceres dijo...

Creo que a Arturo le vino esa especie de ensoñación de la naturaleza caballeresca de su nombre. Uno no puede llamarse Arturo sin soñarse héroe de ciclo épico, y sin esperar encontrarse alguna vez con Lanzarote del Lago, con los demás Caballeros de la Tabla Redonda y con la reina Ginebra(o Ida, que casi da lo mismo. Ah, pero Scalibur corta piedras y fantasías. Scalibur es la realidad en esta historia. Lástima.

cacho de pan dijo...

Edmundo se llama un amigo que vive en Londres: lo llamábamos, con típico "humor" rioplatense "Inmundo".
A los Armandos se les decía:
Armando, cagarro blando o Armando la carpa (la tienda). Solemos ser así.
Un abrazo

almanaque dijo...

Arturo se llamaba el perro de un pastor de cabras de mi infancia. Seguro que el cabrero no sabía nada de Camelot ni de Ginebra (si acaso de la Larios). Realmente los nombres tienen múltiples caras.
Gracias, Rosa. En mi mente sí que estaba, el héroe.

Cacho, cómo se entreteje la realidad de uno al otro hemisferio. A un bar de aquí llamado mundo lo llamábamos "inmundo" en broma.
El colmo de un Armando (alguno habrá, seguro) sería apellidarse Guerra.

Noemí Pastor dijo...

Pues también había un Arturo en mi barrio. Este era Arturo, sin diminutivos ni hipocorísticos. Era un tipo de aspecto distinguido y elegante. Por dentro, no llegué a conocerlo nunca. Murió hace poco, en un accidente laboral.

Beatriche dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beatriche dijo...

Pues a nuestro Arturo le deciamos, Arturo niño prematuro, porque era muy listillo. Tan listillo que le pasaba lo mismo que al de tu relato. Por suerte para él todavía vive en su película, pero cada día le queda peor el personaje, pronto será patético.
Tremendo ejercicio de creatividad este blog.
Enhorabuena.

almanaque dijo...

Gracias Beatriche por tu comentario. Veo que estás muy activa en la red. Me he pasado por tu Club de lectura.
Saludos.

Antonio Ruiz Bonilla. dijo...

Arturo está preparado para encontrarse en el fin de los tiempos.
Un saludo

ignatiusmismo dijo...

Algo así le sucedió a un conocido mío, acomodador en un cine de barrio, cuando llegó la hora de su jubilación.

almanaque dijo...

Gracias Antonio por tu apostilla y que el final nos pille confesados y dispuestos.

Ay, Ignatius, cómo envidiaba yo en la infancia la profesión de acomodador. No me extrañe que tu arturo se deprimiera al dejarla.
Tengo que manufacturar un santo con linterna un día de estos.