domingo, 15 de febrero de 2009

AMBROSIO

Ambrosio se enamoró de una boa constrictora. Le ocurrió visitando una exposición itinerante de reptiles. Ambrosio miró a la boa y se quedó prendado de su mirada fría y reservada. “Una mirada así sólo puede ocultar un corazón de oro”, pensó, y empezó a tramitar su adquisición. Le costó trabajo, amén de un buen pellizco, conseguir sus fines; tuvo que patear despachos, conseguir permisos y adquirir licencias. Más ardua aún fue la tarea de legalizar su relación, pero por fin pudo cohabitar con Fara sin que familiares y amigos tuvieran nada que objetar.
Preparó su hogar para vivir con ella. Mandó hacer un estanque en que estuviera cómoda y repobló la casa con ratones que pudiera cazar a conveniencia. Cuando iba a trabajo la dejaba al lado de la estufa, entretenida con cualquier culebrón venezolano. A la vuelta se apareaban con pasión. Pasó un cálido invierno, con los anillos de Fara bien apretados alrededor del cuerpo. Pronto fueron una pareja envidiada en la ciudad.

4 comentarios:

Rosa Cáceres dijo...

Es natural que a Fara le apasionaran los "culebrones" venezolanos.
Leí no hace mucho que un mujer en la India se había casado con una serpiente, pero se quejaba de que era de trato frío. Cuestión de temperaturas de sangre.

almanaque dijo...

Siempre he pensado que la realidad supera a la ficción, incluso a las más descabelladas.

Noemí Pastor dijo...

El día de San Ambrosio de Siena, 20 de marzo, dejé yo de fumar hace equis años.

almanaque dijo...

Yo ya lo he dejado X veces en lo que va de año. No sé por qué dicen que es difícil.