domingo, 16 de noviembre de 2008

MAHARKAPOR

Lo de Maharkapor fue decisión de su padre, Hirenarco, quien opinaba que para ser alguien importante en la vida hay que empezar por tener un nombre con personalidad. Él mismo era un lobo solitario que había logrado un estatus admirable trabajando en “procurar la felicidad a las personas”, según solía decir cuando le preguntaban, sin entrar en precisiones enojosas.
Maharkapor llegó a la juventud sin una vocación bien definida. Por una parte le atraía el mundo de la gastronomía y por otro poseía un carácter firme que le habría sido útil para labrarse un porvenir como persona de respeto en el staff de los proveedores de dicha. Pasó unos años tras los fogones de una pizzería propiedad de la familia mientras realizaba trabajos esporádicos de apostolado y aprovisionamiento entre la clientela paterna.
Cercana la treintena descubrió su verdadera misión en la tierra mientras zapeaba una tarde sesteando frente al televisor. Aprendió a tocar el arpa y dedicó su vida a emular al mudo de los Marx. Llegó a ser un virtuoso y prosiguió sin querer la misión de Hirenarco, si bien por otras vías.

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