viernes, 7 de noviembre de 2008

ISABEL

Isabel era hija de un farero. Nació en Pápa, un pintoresco pueblo de Hungría, no muy lejos de Székesfehérvér, lo que puede despistar a algún lector no avisado. ¿Un faro en Hungría, un lugar de interior? El caso es que Erasmo, el padre, era farero hasta que tuvo que exiliarse por erasmista, es decir por fidelidad hacia sí mismo. Fue cuando una guerra muy antigua, una de tantas. Así es que Erasmo dejó una noche la luz encendida –para no levantar sospechas- y como un ladrón se fue por el monte con Catalina, su mujer, embarazada de Isabel. La razón de que acabaran en Hungría no nos consta ni es de este momento empecinarnos en conocerla. Sabemos que el camino fue largo y que utilizaron en algún tramo bicicletas prestadas por algún lugareño despistado.
En el largo exilio Erasmo se acordaba a veces de aquellas largas noches en el faro, observando como la luna cubría de finas escamas de plata la ondulada superficie del mar. Pero no lo echaba de menos. Más bien, al contrario, se sentía liberado de servir como un esclavo a aquella gigantesca linterna que parecía nutriste de su sangre. Sin embargo Isabel añoraba con toda su alma el faro que nunca conoció. Es como si la nostalgia se hubiera saltado un escalón, como pasa a veces con las taras genéticas.
La condición de hija única agravó en Isabel su naturaleza melancólica. Dio en leer novelas románticas y vidas de santos. El cóctel la inspiró ensoñaciones perturbadoras. Suspiraba imaginándose presa en una torre, anhelada por un amante aristocrático mientras un marido tiránico la sometía a continuas vejaciones. La realidad irrumpió en la figura de Maurino un ruso blanco de dudosa estirpe que la usó como cebo en sus oscuras conspiraciones. Cuando la abandonó cayó en las redes de Nicolás, un tragasables que estuvo a punto de arrojarla a las fieras por su amistad con Gonzalo, un enano deforme que la trataba con dulzura.
Pero todo periplo tiene su final y éste llegó cuando Isabel coincidió una noche sin luna con Mercurio, un experto en finanzas que actuaba como espía bajo el nombre de Régulo. Con él huyó del país y se instaló en Manhattan, en un apartamento enmoquetado de la planta noventa. Allí fue feliz mirando el skin line y alimentando sus quimeras mientras él realizaba veloces viajes de negocios, amasando dinero y visitando amantes.

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