miércoles, 25 de junio de 2008

ALBERTO

Alberto murió un 15 de noviembre. Justo el día de su santo, ya es casualidad. Venía del trabajo y se empotró debajo de un camión. Ese día le habían ascendido a jefe de ventas y estaba eufórico, con ganas de llegar a casa y dar una sorpresa a su mujer. Quizás la alegría le nubló los sentidos; que el exceso de dicha es también peligroso. La muerte fue instantánea. Al poco oyó sirenas y chirriar de frenos. Tardaron su tiempo en liberarlo de la carcasa de hierros retorcidos. Después, unos jóvenes con chalecos reflectantes estuvieron golpeándole el pecho y tratando infructuosamente de insuflarle aire en los pulmones. Se sorprendió pensando: “qué coño hacen, no ven que estoy muerto”, él, que nunca había creído en el más allá. Luego trajeron un féretro y le colocaron dentro. Se sintió cómodo en la suavidad de raso, con aquella oscuridad como de útero materno. La expresión “eterno retorno” le cruzó por la mente mezclada con sonidos confusos de llantos y voces. Le instalaron tras un cristal como de escaparate donde él, en su coqueto estuche, era el objeto a contemplar. Nunca pensó que pasaría por allí tanta gente. Hubo un momento, ya de noche, en que sólo quedaron la viuda y Félix, su amigo desde los tiempos del colegio. Le pareció que se estaban excediendo en las muestras de cariño, pero lo achacó a la emoción propia del momento. Cuando empezaron los primeros jadeos ya no los oyó, pues había roto amarras definitivamente.

10 comentarios:

cacho de pan dijo...

Antonio, magnífico relato, sobrecogedor. Paso por aquí más de una vez sin dejar comentarios, gozando con muchos de tus inventos. Hay que editarlos...

Antonio Toribios dijo...

Gracias Cacho, es un placer tener lectores como tú.

Veji dijo...

Antonio:perfecto,de un humor ácido,mordaz,posible en la vida real.Lo trise es que algunos se tengan que morir para enterarse.

Antonio Toribios dijo...

Amigo Veji, qué gusto poder leerte y sentir esa vitalidad y ese saber que generosamente nos brindas desde "allá".

Palbo dijo...

Un monje le preguntó a Joshu: "Esta vaca, ¿tiene la naturaleza de Buda?"

Joshu respondió: "¡Mu!"

cacho de pan dijo...

gracias por colgar el dibujo.
aunque no quede bien decirlo, a mí me gusta mucho...
la familia qué opina?

Antonio Toribios dijo...

A mí también me gusta mucho el dibujo, Cacho. La familia anda por ahí en plan modorra veraniega y no está para opinar mucho, pero al menos me reconocen. A mis hijos sí que les ha gustado y me han preguntado por el autor.
Saludos.

Noemí Pastor dijo...

A mí también me gusta el dibujo. Felicidades al autor y al inspirador.

cacho de pan dijo...

GRACIAS NOEMÍ...un halago
Te busqué la nota del Monzó sin éxito. A todos nos dió tanta
repugnancia que la borramos nada más leerla.
Hablaba sobre el placer de comer perro y ponía las razas más apetitosas, con receta incluída. Como ironía era incomprensible, como consejo, nauseabundo.
Mal bicho.

Beatriche dijo...

Un relato que no deja indiferente. Leo los comentarios, al contrario de Veji... más triste es enterarse antes de morir. Chao!