domingo, 23 de marzo de 2008

MARTIRIO

Martirio lo estaba viendo venir. Ella conocía bien a Jenaro y sabía que los aires de grandeza le excitaban hasta la exacerbación. Era como si alguna glándula en su interior empezase a segregar una hormona que le pusiera totalmente fuera de control.

Por eso sabía cómo iba a acabar aquello en cuanto vio a aquel lechuguino engreído tratarle con desprecio y afectación hasta la nausea. Jenaro aguantó lo que pudo a aquel nuevo vecino impertinente. Quiso ser amable, eso no se puede dudar a tenor de lo mostrado por los hechos. Su parte afectuosa y sensible trató de ganarse la amistad del otro. Pero no funcionó. El visitante le lanzaba a la cara sin cesar su superior educación, sus conocimientos sobre vinos y alta cocina, su exquisitez en suma de señorito despreciable.

Martirio intentó avisar a la futura victima. Trató de ponerle sobre aviso con pequeños detalles. Pero llevaba demasiados años enterrada en la bodega y su espíritu estaba ya casi diluido del todo en el éter.

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