domingo, 3 de febrero de 2008

SABINO

Que don Sabino era maestro es ya sabido por el lector. Maestro de Primeras Letras era su título, con asignación dineraria soportada por el propio municipio, amén de leña para la estufa, proveniente del cercano encinal. El nombre de Severo, su padrino, quizás le hubiera ido mejor, si atendemos a sus métodos pedagógicos basados en la tralla y en la estaca. Se quedó, no obstante, en discreto segundo lugar. De Leonardo, su tercer apelativo, recibió una cierta capacidad de observación que él se ocupó de malgastar a conciencia.
A don Sabino se le metió en el magín que el pueblo que le había tocado en suerte tenía una idiosincrasia muy particular. Empezó a recoger indicios que confirmaran su tesis y demostraran al mundo que Villaperas de la Puebla era el asentamiento de una población cuyas raíces se perdían en la noche de los tiempos. “De curtidos cazadores nómadas de lanza y porra –peroraba el prócer-, pasaron a convertirse los Villaperanos ya desde el Neolítico en trasunto de lo que son. Las trazas del poblado primitivo aún coinciden, casi exactamente, con el discurrir actual de las calles. Y, qué me dicen –empleaba un usted enfático, a menudo, en el trato con los alumnos- de los rasgos fisiognómicos que nos distinguen: esas cejas pobladas, esas orejas de soplillo y, sobre todo, esos pelos en la nariz que nos hacen –se incluía él, de rondón- tan peculiares”. Y, llegado a ese punto, don Sabino iniciaba el recorrido por los singulares rasgos de carácter, la forma tan peculiar de tallar la cabeza de los bolos y –sobre todo- la manera tan propia de arrear al ganado con un “quiáaa” gutural de resonancias inconfundibles.
A todo esto asistía la niña Fortunata, absorta en pensamientos de un más allá brumoso, mientras ahogaba un piojo en su tintero. Aún no sabía de su vida postrera, de su destino de santa laica sometida a las sevicias de los buenos.

3 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

Debajo de mi casa, en Bilbao, había una taberna de las de toda la vida que se llamaba "Sabin Etxea".
Ahora es un restaurante turco de kebabs.
¡Ji, ji, ji!

Antonio Toribios dijo...

Eso sí que es multiculturalidad.
(¿Llevan boina, los turcos?)

Noemí Pastor dijo...

No, hombre, llevan txapela.