miércoles, 23 de enero de 2008

REMEDIOS

De Reme, cuando niña, todo el mundo decía que era una cría muy salada. Esto no disgustaba a sus padres; antes bien, les llenaba del sano gozo de haber traído al mundo un ser tan simpático y zalamero. A medida que crecía, Reme se fue volviendo un tanto orgullosa y resabida, quizás a resultas de tanto halago reiterado. Por eso detestaba visitar al abuelo Bertrán. Le tenía aversión al ambiente pueblerino, a las moscas y a las boñigas que alfombraban las calles por doquier. Pero le incomodaba sobre todo que, de buenas a primeras, las indolentes vacas se le acercasen e intentasen lamerla, con una campechanía y un descaro imperdonables, teniendo en cuenta que ni siquiera le habían sido presentadas. Lo peor, no obstante, vino años después, cuando Remedios se había casado ya con Lot.

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