martes, 15 de enero de 2008

ÁNGEL

Cada año era lo mismo. Primero limpiar bien el hule de la mesa para evitar una mancha inoportuna. Luego coger una hoja de periódico, aún por si acaso; colocar la postal y pautarla con regla y lápiz, limpiar luego la punta del bic azul para evitar el desdoro de un borrón. Después el mismo texto de siempre, despacito, buena letra, con aquella redonda “Q” de rabo largo al principio y al final la firma, con un bucle y dos rayas de adorno. Por fin el sobre: “Angel García, Guardagujas jubilado”. Angel vivía a pie de vía, en una casita de adobe, con su pozo y sus frutales. Por el verano íbamos a verle. Trasteaba por la huerta, oía la radio y miraba el horizonte. Nunca me dijo nada; no sé si las leía, si le gustaban o si las metía sin abrir en un cajón, como Teresa.

No hay comentarios: