sábado, 26 de enero de 2008

MAXIMILIANO

Dice una canción que “a quien nace pa martillo, del cielo le caen los clavos”. Cualquiera diría que el compositor estaba pensando en Maxi cuando la escribió. A Maxi le pusieron Maximiliano porque a su padre, Salvino –un zapatero iletrado y soñador- le sonaba a personaje histórico rumboso. “Por lo menos Emperador”, repetía el día del bautizo, un poco achispado el buen hombre por la mistela. Pero, Maxi pronto empezó a dar muestras de no encontrarse a gusto en la horma de los augustos sueños de su progenitor. Desde muy niño se empleó con singular denuedo en las labores propias de los infantes más desaprensivos, como romper farolas, quemar pajares y pintarrajear fachadas. Nada pudieron los castigos, tanto de su padre como de don Opión, el sufrido maestro. Muy al contrario, los encierros y palmetazos, lejos de aplacarle, hacían surgir en él nuevas estrategias para retar a la autoridad. Llegó a mear el sillín de la bici de Pántulo, el cabo del cuartelillo local, después de haberle comido el bocadillo de tortilla que celosamente guardaba debajo. Ante tales desmanes, no hubo más remedio que ingresarlo en un correccional, donde acabó doctorándose en la disciplina del crimen. Maxi fue el creador de la famosa banda de los HDL (Hijos de Lucifer) que llenaron el mercado de gordísimas novelas sobre cálices legendarios, sudarios mágicos y otras especies que adocenaron a varias generaciones de lectores. Perseguido por el fisco, huyó allende los mares. Acabo tiroteado junto a una tapia, como no podía ser menos.

1 comentario:

cacho de pan dijo...

mi segundo nombre es maximino...diferente, lo sé, tanto como la historia de este personaje.