jueves, 31 de enero de 2008

FORTUNATA

La Fortu pedalea reciamente por la cuesta. Todavía es una hembra de poderosas ancas y voluntad férrea, a pesar de todo lo pasado. No se la podría llamar afortunada. Sin embargo se sintió así por unos meses, acorde con el significado de su nombre. Hace ya años. Le viene ahora un delgado ramalazo de dicha, como un hilo de humo que confluye con el hedor de las sardinas que transporta en una caja cubierta con helechos. Se recuerda a sí misma con Bernardo del brazo aquel verano; la frente alta, sintiendo a sus espaldas las miradas. Eran tiempos difíciles. Tiempos en que los de abajo quisieron romper amarras y mirar a los ojos, dejar de estrujar la boina entre las manos entonando el “sí señor”. Eso no se perdona. Menos aún por los iguales, los que siguieron exprimiendo la boina entre las manos. “A cada cerdo le llega su San Martín”, pensaban quienes entonces la veían pasar, con aquel obrerucho metido a mandamás. “Y le llegó”, piensa ahora Fortunata, mientras divisa ya el pueblo allá arriba y nota el sudor corriendo entre los pechos.

1 comentario:

Macachines dijo...

hermoso este de fortunata