martes, 22 de enero de 2008

EVODIO

No sería el cronista muy sincero si afirmase que en Evodio, de rapaz, despuntasen rasgos que hicieran presumir un futuro orientado hacia el pastoreo de almas. Más bien podría decirse, en atención a las pendencias y altercados que jalonan su expediente escolar, que su entraña tendía, más que al abrigo sedoso del serafín, a tener por envoltura la epidermis escamosa de un ángel caído.
Sin embargo, si los hados son a veces caprichosos, no lo son menos los designios del Señor. Ocurrió pues que se sintió llamado y, tras estudiar las materias pertinentes, ordenado y puesto al frente de la parroquia de un barrio obrero. Allí se ganó el cariño y la confianza de las gentes, por su espíritu abierto y bondadoso, siempre dispuesto a un apostolado que se extendía mucho más allá de las puertas del templo. No había club cultural, actividad de ocio o reivindicación social que no contara con Evodio entre sus filas. Propició esa cercanía suya la amistad sincera con muchos feligreses y hasta con algún que otro ateo pertinaz. Era el caso de Susana, esposa de Martín, convencida partidaria del materialismo histórico, con la que Evodio mantenía largas charlas. A veces, las tardes que libraba, intervenía también el marido, piadoso guardia civil que había auspiciado los encuentros con la secreta esperanza de ver renacer en su amada los retoños de la fe de sus mayores. Sin embargo, como hombre sencillo que era, Martín pronto se cansaba de contraponer las tesis de la izquierda hegeliana con las iluminaciones conceptuales de San Agustín y se iba a tomar una cerveza donde Néstor. Allí le sorprendió justamente el malévolo rumor que trunca la historia y la aboca hacia ese final, tan sainetesco y previsible, que no merece la pena relatar.

1 comentario:

♥♥♥JOSELYN♥♥♥ dijo...

EVODIO. Un mundo de nombre que se empeña en entender descubrir vaya nombre mas raro que he escuchado. Abrazos y BENDICIONES DEL TODO PODEROSO ... FELIZ 2008