domingo, 16 de diciembre de 2007

ROSALÍA

Que Rosalía amenazase a su anciana madre con enterrarla en el húmedo y frío suelo en lugar de en un nicho soleado y con vistas, me parecía de una crueldad indescriptible, aún siendo yo ya consciente de que un cadáver no siente ni padece. Consolación nos lo contaba, angustiada, en la penumbra de la cocina, al calor de la chapa casi incandescente. “Quieren que les deje todo, –gimoteaba la vieja- y no, la casa es de todos y les tocará lo que les toque”. Mi madre trataba de consolarla –valga la redundancia-, pero la atribulada anciana no cabía en si de desasosiego. Al final tenía que regresar al otro lado del tabique, donde su hija y su nieta la seguirían torturando con amenazas post-mortem. A veces oíamos voces altas y gemidos ahogados. Otras bajaba la cristalina voz de Cándida, desde la buhardilla, cantando “cocidito madrileño, del ayer y del mañana”. El ayer. El mañana.

2 comentarios:

Noemí Pastor dijo...

Hola, he llegado aquí procedente de "Cacho de pan". Soy aficionadilla a la hagiografía y a la iconografía y me he divertido mucho con tus creaciones apócrifas. Un saludo y hasta pronto.

Antonio Toribios dijo...

Gracias por la visita. He estado viendo tu blog y me gusta. Me alegra haberte divertido. A veces intento poner también un toque amargo.
Recuerdos a Cacho de pan.