viernes, 28 de diciembre de 2007

REBECA

Albina, ya de joven, decía que ansiaba llegar a ser anciana para pasear por el sol con su chaquetina por los hombros, sin nada más que hacer. Apenas iba al baile y no andaba mucho con las demás mozas, sino que pasaba el día cosiendo y pensando, frente a la ventana. Cuando sus padres murieron, los hermanos se habían ido ya hacia tiempo, con lo que se encontró sola en la casa. Quizás eso la impeliera a casarse. Eligió a un viudo aún joven que venía por el pueblo a vender telas y se fueron a vivir a la ciudad. Lino, el viudo, vivía en una casa de renta antigua, techos altos y muchas habitaciones interiores. Habría sido feliz, asomada a la ventana, viendo pasar la gente por la calle mayor, si no hubiera sido por lo del fantasma.

2 comentarios:

cacho de pan dijo...

precioso
rebeca, una mujer inolvidable

Antonio Toribios dijo...

Pues sí. Hace mucho que no la reviso. Hicht siempre es recomendable.