viernes, 14 de diciembre de 2007

MARCOS

A Marcos le gusta andar, aunque detesta llegar a alguna parte. Peregrino sin horizonte y sin grial pasea por las calles como un turista del espíritu, sin plano ni guía, desgajado de un grupo excursionista que nunca existió. Va despacio. Goza observando como doran los rayos del sol los vidrios de los miradores. A veces pasa ante la hermosa catedral sin verla, pero se fija en las migas de pan que una vieja echa a las palomas, en un niño expectante, en un hombre que sueña. Cuando se cansa, se sienta y fuma, pide café y se deja penetrar por el ámbito y las voces. Entonces Lupo, su león, se tumba bajo un velador y mantiene erguida la cabeza, consciente de sí mismo.

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