viernes, 28 de diciembre de 2007

JENARO

A Jenaro le gustaban las mujeres de la vida. Hijo de buena familia, desde muy joven se aficionó a visitar burdeles de todo tipo, desde los selectos propios de su clase a los más abyectos tugurios de barrio portuario. Liberado, como rico heredero, de preocupaciones crematísticas, pudo dedicar su vida a viajar por el mundo, trabando conocimiento con las más famosas cortesanas del momento. Su firme vocación hizo que renunciara a la tranquilidad de un matrimonio que hubiera limitado su ejercicio. Tuvo hijos con las más bellas meretrices y escribió una Guía de casas de lenocinio que llegó a alcanzar gran notoriedad, aunque hoy resulta inencontrable. Sus huellas se pierden en su tercer viaje a Extremo Oriente.

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