domingo, 23 de diciembre de 2007

DULCE

Leoncio y Estíbaliz penaban por tener una hija. Habían ya alumbrado cuatro varones, a cual más pletórico de masculinidad. Así que cuando Estíbaliz quedó otra vez encinta habían ya casi perdido la esperanza. No obstante prepararon como siempre una habitación de hada o princesa de cuento, con su cunita rosa y sus sábanas rosas y sus vestiditos con sus canesúes y todos los corazoncitos y estrellitas y enanitos del mundo. Cuando llegó el momento, no cabían en sí de gozo. Al final iban a tener una niñita delicada, cariñosa y dulce. Y Dulce la pusieron, para abrir boca.
Pero, ya en el bautizo dio Dulce muestras de disentir del nombre, llorando todo el rato y dando manotazos por doquier. Dormir se convirtió para sus padres en un ideal inalcanzable. En cuanto pudo tenerse de pie no hubo objeto en la casa a salvo de su afán destructivo. Los ositos aparecían con los ojos arrancados y las muñecas sufrían cesáreas imprevistas. En la guardería fue el terror desde el primer día y así el resto de su vida escolar. En lo sentimental, a los chicos les resultaba atractiva, quizás por el reto que suponía su compañía. Pero, a la larga, salían despedidos como del toro mecánico de las ferias.
Los libros era lo único que la domesticaba. Hizo derecho con premio extraordinario. Se hizo jueza y famosa. Sobre todo entre los delincuentes, que acuñaron una frase célebre: “Si te cae la Dulce te la amarga”. La vida, claro.
Sorpresivamente se vio envuelta en una flagrante prevaricación, al tergiversar pruebas en el caso de Guido el Guapo (GG), conocido jugador de ventaja y proxeneta. Dulce fue expulsada de la carrera judicial. Actualmente se encuentra en paradero desconocido.

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