martes, 25 de diciembre de 2007

DOLORES

“¿Do-lo-gues, egues tú de vegdá Dologues?” y me mirabas estupefacto, con tu mochila al hombro y tu cayado de señorito perdido en tierra extraña. “Sí, yo soy Dolores, ¿qué pasa?”, te contesté riendo, mientras echaba hacia atrás una mecha de mi melena al estilo de Rocío Dúrcal en el cine. Tú me seguías mirando, apoyado en el pretil del puente, a la vez que oteabas el entorno del pueblo con curiosidad de etnógrafo. “Dologues...” seguías musitando mientras me recorrías con la mirada. “En el instituto me llaman Lola”, te dije por fin, ya un poco molesta. “Ah, Lo-li-ta” y se te iluminó la cara, como si al fin hubieras hallado la solución a un obtuso enigma. Yo, en cambio no entendía nada. Nada de nada, aún.

2 comentarios:

Macachines dijo...

Nabokov era el del pretil del puente?

Antonio Toribios dijo...

Quiá, amigo "maca", era un extranjero loco que pasaba por allí cazando mariposas...